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centaurodeldesierto

Historia

Naturaleza, ruralidad y civilización o la invención de la tradición en la búsqueda de una arcadia rural.

 Llama mi atención el predicamento que ha alcanzado entre los medios libertarios el libro de Naturaleza, ruralidad y civilización de Félix Rodrigo Mora. No sé si dicho predicamento se debe a cierto deseo por parte de algunos sectores anarquistas de acogerse a tesis novedosas que puedan presentarse sugerentes y/o a la sed de buscar nuevos referentes libertarios. No seré yo el que se oponga al debate sobre el anarquismo o los anarquismos, así como sus fuentes de las que bebe, sino todo lo contrario, todo lo que sirva para estimular este debate siempre y cuando sea constructivo me parece un buen signo para allanar el camino que nos lleve algún día a otro mundo diferente[1]. Sin embargo reconozco que me ha sorprendido el no encontrar ni tan siquiera una velada crítica a Naturaleza, ruralidad y civilización, cuando sus argumentaciones históricas cuanto menos resultan poco afinadas y vagas. En ellas se juega al juego de la imprecisión, de no delimitar correctamente las coordenadas de espacio y tiempo, lo que lleva aparejado el salto sin red, el mezclar nabos con coles y la dificultad añadida de separar el grano de la paja.

Dividiré este artículo en tres partes: una primera en la que haré una referencia a la edad media occidental y al feudalismo, del que si bien en el libro no hay ningún artículo específico, sí es cierto que hay párrafos en los que Rodrigo Mora nos hace llegar su visión del medievo; una segunda en la que incidiré en la herencia de la Revolución Francesa y la ilustración para el mundo libertario y que el autor rechaza de plano; una tercera en la que esbozaré una crítica a dos de los artículos que el libro contiene y en los que se encierra parte de la visión que Rodrigo Mora tiene sobre los últimos doscientos años de historia del Estado español.

 

I

Es evidente que la visión que tradicionalmente se nos ha pintado de la Edad Media Occidental como una época oscura, valle de lágrimas, dominada por la religión y la ignorancia es un camelo que tiene más de tópico que de verdad. Sin embargo también deberíamos guardarnos de la visión de una especie de arcadia en la que el ser humano vivía en comunión con la naturaleza, en un mundo en el que imperaba la fraternidad y la solidaridad. Tanto una visión como otra provienen del siglo XVIII, la primera de muchos ilustrados y la segunda de algunos revolucionarios franceses como el cura Roux. Qué duda cabe que en la época medieval y moderna las prácticas colectivistas en el mundo rural, aparte del apoyo mutuo, tuvieron mucho que decir, pero los grados de libertad del campesinado podían variar dependiendo del señor que se tuviera, del siglo en el que nos encontráramos (no es lo mismo estar en la Alta que en la Baja Edad Media, ni bajo el feudalismo en la Edad Moderna) y en el caso concreto de la Península Ibérica hasta el siglo XV de los avances, estancamientos y retrocesos de la mal llamada Reconquista.

Para empezar deberíamos tener en cuenta que no todo en la Edad Media y el Antiguo Régimen era comunal y tierras de propios, ni que en toda la Península Ibérica situada bajo la dominación cristiana prevalecía el concejo abierto, ni que éste siempre fuera tan “abierto”. Por el contrario la Edad Media estaba marcada por el modo de producción feudal –de ahí que hable también del Antiguo Régimen-, en el que en una sociedad claramente agrícola, de lenta evolución técnica, el excedente producido por una mayoría de pequeños productores era acaparado por una minoría definida jurídicamente. De este modo existían unas claras diferencias sociales, que van a ir a más a medida que avancemos en el medievo y en la edad moderna. Por otro lado, no habría que olvidar la importancia que va a tener el señorío, por el que los campesinos trabajaban las tierras de un señor y en el caso de los dominios territoriales incluso debiendo de cumplir con trabajos que estaban bajo dominio directo de éste.

También habría que discrepar con la visión que pretende darnos Rodrigo Mora en la que se nos presenta una comunidad campesina prácticamente aislada, ajena a deudas y presiones fiscales, por no hablar de la imagen cuasi bucólica de un campesinado de alimentación austera y frugal, pero bien nutrido. Los argumentos que ponen en entredicho esto son:

a)      El campesinado entra en contacto con el “mundo exterior” a través de tres conductos: a) La aristocracia feudal que se encontrará a medio camino entre el aparato estatal y la mayoría de la población; b) la parroquia, desde la que se vehiculaba mucha de la ideología dominante hacia los campesinos; c) Las ferias y mercados, que en algunas ocasiones –caso de la feria de Medina del Campo- van a alcanzar una dimensión extrapeninsular.

b)      Las relaciones sociales durante el feudalismo se definían en términos vagos e imprecisos, lo que podía dar lugar a consecuencias diametralmente opuestas. El señor tenía derecho de bando por lo que podía mandar, obligar y castigar. A efectos reales, esto bien podía significar nada, por lo que se podía tener una existencia más o menos ajena al poder feudal y estatal, o bien podía significar mucho, con un campesinado atosigado a prestaciones y redenciones en especie o dinero.

c)      Los campesinos conocían bien la presión fiscal y el endeudamiento. Todavía en las últimas décadas del Antiguo Régimen se tenían cargas derivadas de los derechos señoriales. Además estaba el diezmo, la décima parte de la cosecha, que se destinaba a la Iglesia y de la que el Estado recibía una cantidad importante.

d)     Las declaraciones de algunos cronistas de las postrimerías del siglo XVIII contradicen la imagen de un campesinado bien alimentado. “Los asturianos apenas prueban el vino en su tierra; en Valencia con una torta, chuflas y aguas trabajan los labradores todo el día; casi tan frugal es la comida de los de Cataluña, y los montañeses, aunque no ahorren en la bebida, no visten sino jerga casera, no comen otra carne que la salada, y eso no siempre, y usan con mucho provecho del pan de centeno y cebada; el gazpacho es un sustento casi general y único de los andaluces[2].

 

II

 

Sería erróneo caer en el mito acuñado por la burguesía y que Rodrigo Mora adopta si bien de manera crítica. Esto es, la Revolución Francesa como exclusiva construcción burguesa, con el reforzamiento de la autoridad estatal mediante el ardid Estado-Nación[3]-. La Revolución Francesa supone, y con esto es con lo que creo que deberíamos de quedarnos los anarquistas, la irrupción de las masas populares en las decisiones políticas, influyendo de manera determinante en el devenir de la revolución con muchas de sus propuestas –que se podrían resumir en libertad, igualdad y fraternidad en su máxima expresión-. Además habría que añadir que dicho movimiento popular no es obra exclusiva del pueblo parisino, sino también de gran parte del campesinado francés. Y es que no habría que olvidar que éste participó de manera activa en la Revolución tras todo un siglo XVIII plagado de protestas y que lejos de empeorar su situación tras la toma de la Bastilla sus condiciones de vida mejoraron, dándose un perfil sociológico del campesinado en Francia de corte republicano y laico que se mantiene hasta nuestros días. Por tanto cargar las tintas contra la Revolución Francesa y por extensión contra el resto de las revoluciones del XIX supone una barbaridad ya que se obvia algunas ideas que lanzó la Revolución, que si bien han acompañado al ser humano desde que nació, ésta sistematizó.

En definitiva, el cultivar la razón, el defender la igualdad en todos sus frentes, el rechazar la autoridad y sobre todo el ser dueños de nuestro propio destino son principios del que todo aquel que se dice libertario debería de beber. Es por ello que desde aquí también habría que defender la ilustración –que obviamente Rodrigo Mora también rechaza-, el movimiento intelectual que inspiró a la Revolución Francesa y del que se nutre una buena parte de La Idea[4]. Además, una puntualización: ni todos los ilustrados eran fisiócratas, ni todos eran iguales en sus concepciones: Voltaire, Rousseau y ya no digamos Kant pueden moverse en unos mismos parámetros terminológicos, pero cuando hablan de libertad o del concepto de autoridad, cada uno quiere decir una cosa.

 

III

 

Es curiosa la interpretación de Rodrigo Mora con respecto a la historia de los dos últimos siglos de España. En esta visión plantea de modo muy resumido tres tesis:

a) La fuerza que tuvo el carlismo a lo largo del siglo XIX se debe al elemento popular que lo usó para defender la sociedad rural tradicional.

b) La débil mecanización del campo español se debe a que el campesinado opta por un modo de resistencia: el antimaquinismo.

c) El fin definitivo de la sociedad rural popular tradicional es obra del franquismo.

La primera tesis es acertada aunque muy matizable, la segunda y la tercera tesis son erróneas. Pero vayamos por partes:

La primera tesis se recoge en el artículo El pueblo y el carlismo. Un ensayo de interpretación, artículo del que habría que decir lo siguiente:

 a) La gente no se levantó contra los franceses en 1808 porque temiera el fin de la sociedad rural popular tradicional, sino porque se oponía al espíritu de conquista que iba unido a la invasión napoleónica.

b) Un sector importante del campesinado va a apoyar al carlismo, pero no sólo no va a instrumentalizar al movimiento, sino que el movimiento los instrumentalizará a ellos en pos de sus intereses, como la carne de cañón para luchar contra el liberalismo, lo que hará que muchos de estos campesinos deserten.

c) Habría que señalar el importante influjo del bajo clero sobre parte del campesinado en España, lo que evidentemente va a influir en su toma de decisiones.

d) Habría que hacer una diferenciación entre las partidas absolutistas y el carlismo que se levanta en armas en 1833-39 y el carlismo que lo hace durante el Sexenio, ya que la tesis de Rodrigo Mora puede ser válida para el primer período, pero no tanto para el segundo en el que ya hay otros movimientos que dicen velar de manera específica y no vaga por los intereses del campesinado, caso del republicanismo federal y del internacionalismo.

e) El carlismo quería la vuelta al Antiguo Régimen y a la unión entre el trono y el altar en toda su extensión. Tenía las ideas claras. Otra cosa es que los que no las tuvieran tanto fueran los liberales y sus espadones, siempre tan temerosos de las aspiraciones populares. La prueba de esto que decimos es que cuando soplan vientos nuevos en el Sexenio (1868-1874) son muchos los liberales moderados que se pasan a las filas del carlismo.

La segunda y tercera tesis quedan recogidas en el primer artículo del libro El antimaquinismo rural y la mecanización de la agricultura. Dividido en dos partes, para justificar estas dos tesis el artículo se convierte en un despropósito plagado de afirmaciones en las que el exceso de purismo y antiurbanismo y la idealización de la sociedad rural de la mitad norte de la Península, ciegan a la interpretación histórica. Las razones para decir esto son las que a continuación se exponen:

a) Es indudable que hubo episodios de inspiración ludista no sólo en el campo sino también en la ciudad, pero más que motivados por una cuestión ideológica, lo estaban por una cuestión socioeconómica: temor al paro y consiguiente falta de ingresos.

b) La burguesía que conformaba el aparato estatal por lo general prefería ser rentista antes que invertir en maquinaria. Prefería no arriesgar. Es más, gran parte era reacia a la industrialización. La prueba de esto es que cuando se instalaron los primeros altos hornos en Andalucía fueron muchos los señoritos que se opusieron temiendo un éxodo rural en masa y la posibilidad de acabar con la tendencia de unos salarios excepcionalmente bajos.

c) El escaso desarrollo de la industria metalúrgica y siderúrgica en España obedecía más a intereses británicos que foráneos lo que repercutió sobre el grado de industrialización.

d) Es falsa la afirmación de que en las zonas de la mitad norte, debido al uso de la tierra, había una mayor solidaridad y aprecio por los bienes inmateriales, mientras que en las zonas de latifundio predominaba un mayor consumo y una mayor circulación del dinero. El mísero salario de los jornaleros apenas daba para cubrir la alimentación, salario que no estaba garantizado todo el año, condenados como estaban al paro estacional. ¿Dónde queda pues el consumo y la circulación monetaria del que habla Rodrigo Mora?

e) El concepto de solidaridad no era ajeno a los campesinos del latifundio, ya que muchos de ellos estaban movidos por el ideal ácrata, cosa que se daba en mucho menor grado en la mitad norte de la Península Ibérica, donde la influencia sobre el campesinado de ideologías sumamente reaccionarias del sindicalismo católico en Castilla y del carlismo en País Vasco y Navarra era mucha durante el primer tercio del siglo XX y la Guerra Civil. Es curioso que sobre este hecho Rodrigo Mora en sus loas a la población rural de estos lugares no haga ningún comentario y pase de puntillas.

f) No se puede limitar en un exceso de antiurbanismo e imaginación del pasado la población famélica y hambrienta a las áreas industriales. En el siglo XIX y en épocas tan tardías como el episodio de gripe de 1918-20 tuvieron una gran incidencia las epidemias catastróficas, muestra de una población con importantes desequilibrios en la dieta, tanto en la ciudad como en el campo.

g) El franquismo dio la puntilla a una cultura de nítida y clara consciencia democrática y/o revolucionaria que se había ido fraguando en sus luchas en todo el estado desde los tiempos de la Guerra de Independencia.

h) Las desamortizaciones fueron las que pusieron fin, no sin resistencia, al modo de vida tradicional de los campesinos. Por otro lado, tanto el intento de finiquitar el sistema señorial del Antiguo Régimen en 1811 como la propuesta de algunos liberales como Florez Estrada durante el Trienio Liberal en 1820-23, pretendían un reparto más justo de la tierra, cosa que evidentemente ni la desamortización de Mendizábal ni la de Madoz intentaron.

i) Argumentar que el maquis es el último ejemplo de resistencia del mundo rural al fuego industrializador es por un lado obviar que existió una guerrilla urbana y por otro olvidar que la guerrilla suele darse en los montes por una cuestión práctica y no ideológica, además de diluir el carácter antifascista del maquis.

j) No debería verse en un exceso de purismo una maldad intrínseca en las misiones pedagógicas de la II República adjudicándoles la intención de desnaturalizar a la población rural. Eran más bien, el intento sincero del regeneracionismo de alfabetizar a las gentes.

 k) No se puede marcar un antes y un después en el éxodo rural con el franquismo, ya que la movilización del campo a la ciudad siempre se ha dado por la falta de expectativas en los lugares de origen, y al igual que ciudades como Bilbao, Madrid o Barcelona se nutrieron de gentes de las zonas rurales a fines del XIX y primer tercio del XX, también lo hicieron durante el franquismo. Atribuir como hace Rodrigo Mora la marcha a la ciudad y el abandono de los pueblos a la maldad interior (¡¡¡¡) de personas sedientas de consumir en la urbe constituye un flaco favor y homenaje a todos aquellos emigrantes, de los que muchos somos orgullosos descendientes, que se fueron buscando una vida mejor para ellos y los suyos.

 

En conclusión y ya a modo de cierre podemos estar de acuerdo en que la ciudad tal y como la concebimos hoy es un monstruo propio del capitalismo, en que deberíamos de aprender mucho del mundo campesino al que normalmente se le ha tratado de manera ignominiosa, en el ecocidio al que el sistema nos está llevando, en las nuevas tecnologías al servicio del Poder y del control ciudadano… pero por favor, si queremos hacer un análisis riguroso que nos sirva de cara al futuro no nos dejemos arrastrar por fobias antitecnológicas, -ya que la tecnología no tiene porqué ser mala en sí misma-, ni por la crítica visceral a la ciudad diciendo entre otras cosas que las ciudades son feas –lo cual es una opinión muy personal, pero no un hecho- o que la masa urbana nunca ha creado cultura. Bien estaría en defensa de nuestros argumentos dejar de recurrir a la invención de la tradición. No hagamos que el árbol nos impida ver el bosque.



[1]              Creo que puede haber quien diga que te contradices, pues aunque afirmas que no te opones al debate entre anarquismos, apuntas claramente al comunismo libertario como objetivo. La postura es legítima, pero quizá pueda interpretarse como que no eres tan “abierto” de mente como pretendes.

[2]              . Citado por Fontana, Josep “La época del liberalismo” Editorial Crítica/Marcial Pons 2007, página 23.

[3]              Al respecto es curioso como Rodrigo Mora usa el concepto de Nación, habla de autodeterminación de los pueblos o acepta la idea de España, Galicia, Euskal Herria o Paises Catalanes como entidades nacionales.

[4]              Léase al respectopor ejemplo Sánchez, Elena “Kant y Bakunin” Revista Germinal Nº 1.

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Sionismo y judaísmo. Una relación inexistente

Nuevamente la editorial de Alfonso Sastre y Eva Forest nos ofrece un interesante libro, de esos que marcan distinto paso a la corriente general. En esta ocasión tenemos ante nosotros La amenaza interior. Historia de la oposición judía al sionismo, del profesor de la universidad de Montreal Yakov M. Rabkin, especialista en historia soviética y estudioso de la Torá[1]. No nos encontramos ante un integrante o ideólogo de la izquierda como la editorial Hiru nos tiene acostumbrados, sino todo lo contrario, ya que Rabkin es un ultraortodoxo judío que desde su judaísmo militante lanza una dura crítica contra el movimiento en el que se basa el estado de Israel, el sionismo. Es por ello que estamos ante un libro muy controvertido y desde luego polémico, en el que se trazan ideas y argumentaciones que en más de una ocasión pueden resultar más que discutibles para el lector medio del siglo XXI, acostumbrado a moverse en los campos de la razón y no de la fe. Sin embargo, ello no le resta valor a La amenaza interior, ya que su tesis principal no se ve afectada, pues se argumenta desde un profundo conocimiento de las fuentes judaicas de carácter normativo y no a partir de dogmas de fe. De este modo, demostrando un gran manejo de la Torá y de los textos talmúdicos y, apoyándose en escritos rabínicos, Rabkin nos viene a demostrar como el sionismo es extraño al judaísmo y no, como continuamente se nos hace ver a través de los medios de comunicación y como pretenden hacernos creer los sionistas, una ideología que se ensambla perfectamente a esta religión monoteísta. De esta manera, el pueblo judío no es una entidad racial o étnica, sino un grupo cuya alianza con Dios en el monte Sinaí continúa definiendo su especifidad. Es decir lo que define al judío es su religión y el cumplimiento de la Torá y no otros factores, caso de una comunidad nacional.[2] Para el autor esta idea de comunidad nacional es ajena a la tradición hebrea, ya que históricamente los judíos han de integrarse en las naciones de las cuales son ciudadanos, promoviendo sus instituciones en pos del bienestar común y no creando un estado de carácter esencialista que obvia a las poblaciones autóctonas.

Quizá el aspecto más interesante del libro sea como pone en evidencia la vacuidad de los principios fundamentales del sionismo. De este modo, una de las tesis fundacionales del estado de Israel es que al no poder integrarse en su país de acogida, al judío la única solución que le queda es recurrir al éxodo en masa a Jerusalem[3]. Cosa que se explicita en algunas festividades y oraciones en las que se habla de la vuelta a Tierra Santa. Sin embargo, como bien aclara el autor cuando se proclama esto “lo que ellos buscan es más bien la perfección mesiánica, el arribo de un mundo que comprendería, entre otros, un retorno –operado por Dios- del pueblo judío a la tierra de Israel[4]. Por tanto estamos ante una alegoría, una confianza en el esfuerzo espiritual que tiene como objetivo alcanzar en paz la Tierra prometida, razón por la que la conquista militar auspiciada por el sionismo de lo que para el judaísmo es su lugar más sagrado no sería más que “una blasfemia, una usurpación de la prerrogativa divina que mina la alianza de los Hijos de Israel con Dios[5].

Otra perversión que a juicio de Rabkin introduce el sionismo es su visión de la historia con todo lo que esto acarrea. De esta manera la tradición judía siempre ha observado el pasado como un camino de enseñanzas morales. “El objetivo de su misión es impedir que el pueblo sucumba a la tentación de reemplazar a Dios y de atribuirse a sí mismo el rol de actor exclusivo de la historia[6]. Sin embargo, el nacionalismo judío frente a este camino introspectivo favorece el aprendizaje y la hagiografía de los mitos fundadores del nuevo estado, de los grandes sionistas o de algunos personajes de la historia judía. Es decir, se ha recurrido a lo que ya Hobsbawm denominó la “invención de la tradición”, construyéndose un pasado imaginado, y, así, se ha acudido a sectas del siglo I como los celotas para establecer sus antecedentes, o a los macabeos para justificar su recurso a la fuerza.[7] Sin embargo, esta invención de la tradición no sólo queda ahí, también se ve en el lenguaje, transformándose una lengua que sólo se usaba en las oraciones, en un idioma vernáculo y nacional que transforma los conceptos judaicos tradicionales, razón por la que para muchos judíos piadosos el hebreo se convierte en un símbolo del sionismo. Así, bitajon “confianza en Dios”, se le atribuye el sentido de “seguridad militar” o keren kayemet “fondo permanente”, que originalmente significa la acumulación de méritos en esta vida antes de ser usados en una vida futura es transformado para referirse al Fondo Nacional Judío, organismo financiero del gobierno sionista. Según Rabkin “esta transformación no es casual: tiende a alejar al nuevo hebreo de las fuentes de la tradición, y al mismo tiempo a acercar a los judíos tradicionales seducidos por los términos familiares[8].

El antisionismo de Rabkin aparece en esta obra bien argumentado, llegando incluso a afirmar que el proyecto sionista es el principal peligro de antisemitismo. El intento de sustituir los preceptos del judaísmo e imponer las creencias y bases fundacionales del estado de Israel, el intento de hacer sinónimo sionista y judío, precisamente cuando éste atenta continuamente contra los derechos humanos, no hace sino eliminar la identidad hebrea, a la vez que fomentar el antisemitismo.

Ahora bien, si hemos señalado que el principal logro de La amenaza interior es mostrar como el sionismo es extraño a la tradición judía y como pone en evidencia las bases fundamentales en torno a la que se articula el estado de Israel, esto no quiere decir que la obra se preste a carencias, cosa que abunda en ella. Quizás la más a destacar sea a la hora de explicar los orígenes del sionismo y la violencia que genera el estado de Israel, ya que de manera persistente intenta encontrar su génesis en los estertores del zarismo en Rusia, lo que a veces le lleva a hacer delirantes aseveraciones:

El choque, la ira y la frustración que provocan los progroms entre muchos de los judíos rusos se canalizan en primer lugar hacia los partidos radicales y clandestinos, que predican un recurso sistemático de la violencia. Los judíos inundan los movimientos contestatarios rusos pero, al mismo tiempo crean algunos que son específicamente judíos (particularmente el movimiento Bund, los grupos de autodefensa contra los progroms y los diferentes partidos sionistas). La atmósfera de nihilismo y el desprecio por la vida humana engendran un terrorismo cuya sombra sigue pesando sobre el mundo. Algunos observadores asocian a este herencia ideológica rusa del siglo XIX la historia de los actos terroristas, incluyendo el terrorismo en Oriente Medio y el espectacular ataque contra las Torres Gemelas en Maniatan, en 11 de septiembre de 2001”[9]. Y es que de acuerdo podemos estar en que los orígenes del sionismo habría que buscarlos en esas coordenadas de espacio y tiempo, pero a partir de ahí elaborar paralelismos entre el terrorismo que sacudió la Rusia prerrevolucionaria y el del estado israelí hay un trecho[10], ya que como afirma el historiador Benny Morris “La ideología y la práctica sionistas eran necesarias y esencialmente expansionistas. A fin de hacer del sionismo una realidad, había que organizar y enviar a judíos a Palestina. Cada colonia que se implantaba se daba cuenta de una manera muy aguda de su aislamiento y vulnerabilidad, por lo que buscaba naturalmente establecer otras colonias alrededor de ella. Esto hacía a la colonia original más “segura”, pero las nuevas colonias se convertían así en “la línea de frente” y tenían necesidad de “nuevas colonias a fin de defenderlas”[11]. A su vez, el autor trata de realizar paralelismos entre el bolchevismo y el sionismo, y como uno ha influido claramente en el otro[12]. Esta comparación, se aparece de varias formas en el libro, si bien de manera muy forzada, haciendo que el autor se guíe más por su anticomunismo que por un análisis severo de los hechos. En definitiva, el autor incide mucho en la influencia rusa y soviética en el desarrollo del sionismo y por ende del estado de Israel[13], obviando que éste no ha seguido los pasos de la URSS , sino que por el contrario desde su fundación ha sido el gran aliado de los Estados Unidos en la región.[14]

Evidentemente en un libro que habla del sionismo no se podría dejar de hablar del Holocausto judío a manos de los nazis, la Shoah. Éste es sin duda el capítulo más polémico del libro ya que en él el autor pone de manifiesto la indiferencia de los sionistas hacia la Shoah y las restricciones que estos pusieron para que los judíos de Europa no huyeran a otro lugar si no era a Palestina[15], aparte de poner en claro el carácter selectivo de esta emigración[16]. De este modo, Rabkin viene a deslegitimar uno de los principales argumentos del sionismo a la hora de conformar el estado de Israel, ya que el Holocausto según esta ideología vendría a demostrar los peligros que amenazan a los judíos en la diáspora. De igual manera, que sería la prevención de otra Shoah lo que haría recurrir a Israel al militarismo contra los países árabes. Aparte, el autor nos muestra como los sionistas tras 1945 habrían intimidado y forzado a miles de sobrevivientes a expresar su deseo de instalarse en Palestina ante la Comisión de investigación anglo-norteamericana que les ofrecía posibilidades de ubicarse en otros lugares. “Estas acusaciones ponen de manifiesto lo que ha sido una constante en la política israelí, que considera a todo judío como un ciudadano israelí en potencia. La costumbre de “apropiarse” de los judíos de la diáspora, sobre aquellos que migran, se repite, aunque sea en circunstancias menos trágicas, a todo lo largo de la historia del Estado de Israel. Así, los gobiernos israelíes, cualquiera que sea el partido en el poder, intentan canalizar todo el flujo migratorio de los judíos hacia Israel, oponiéndose efectivamente al desplazamiento de los judíos soviéticos hacia los Estados Unidos y Alemania, de los judíos argentinos hacia Estados Unidos, de los judíos magrebíes hacia Francia, etc. Esta costumbre de tratar a los judíos de la diáspora como propiedad del Estado y de poner la razón de Estado por encima de la libertad individual…Esta pretensión de “poseer” a los judíos provocó críticas tanto en los círculos liberales como, con mucha mayor razón, de parte de quienes condenan el sionismo desde el punto de vista de la tradición judía”.[17]

Es más, Rabkin llega más lejos, comparando incluso en su definición de judío, en el culto a la fuerza y en la adoración al Estado a los sionistas con los nazis. Sin embargo, una cosa es encontrar ciertas similitudes entre el fascismo y el sionismo[18] en su afán por sustituir la religión tradicional por unos cultos de carácter laico, en su militarismo o en su culto al Estado y otra muy distinta es culpabilizar al sionismo de la Shoah, como se llega a insinuar en el libro.[19]

Aparte, en este capítulo en particular y en el libro en general, el autor va a recurrir a menudo a argumentaciones teológicas. Sí, ya señalábamos en los comienzos de esta reseña la militancia religiosa del autor, pero defender que la Shoah es un castigo divino fruto de los pecados del sionismo por su poca observancia de la ley judía es más un argumento propio de la Edad Media que del siglo XXI.[20] Algo similar se podría decir del tono peyorativo que da Rabkin al término laico y derivados. Al defender Rabkin que la identidad judía se basa en la obediencia a la Torá, se comprenderá su antipatía por el término, ocultando desde luego, primero los logros del laicismo desde el siglo XVIII y segundo el hecho de que hay un buen número de judíos que, para nada religiosos y declarándose antisionistas, no ven con buenos ojos los abusos continuos del Estado de Israel.

En definitiva, y a modo de conclusión, a pesar de sus excesos –análisis romos y en ocasiones risibles e irritantes, anacronías teológicas o ciertas aseveraciones en exceso vehementes-, nos encontramos ante un libro fundamental para explicar las bases de la religión judía y su escasa conexión con el sionismo y lo huero del corpus ideológico de éste. Corpus ideológico que como no duda en señalar Rabkin se acerca mucho al del fascismo con la sumisión total del individuo al Estado, la militarización de la sociedad, su racismo, o la imposición de unos cultos y una mística que, sustituyendo a la antigua religión, adquieren un carácter infalible e irrefutable. Ahora, cuando todavía el eco de la guerra del Líbano resuena, cuando todavía los gritos desesperados del pueblo palestino son desoídos por la comunidad internacional, aparece esta obra que tiende una mano al necesitado, al oprimido, y hace recordar que al contrario de lo que el sionismo pretende hacer creer, son muchos los judíos que ya sean religiosos, ya sean laicos, se muestran en total desacuerdo con la actuación de un estado que dice representarlos, pero del que desde luego no se sienten ni quieren ser parte.



[1] La Torá es el conjunto de textos normativos que se dan en el judaísmo y comprende la Torá escrita (Pentateuco, Profetas y Hagiografía) y la Torá oral (Mishná, Talmud, Midrash, así como comentarios y aplicaciones prácticas)

 

[2]El sionismo representa un movimiento nacionalista que persigue… transformar la identidad trasnacional judía centrada en la Torá en una identidad nacional a semejanza de otras naciones europeas” (página 21-22) “Cuando se habla del judío antes del siglo XIX se hace referencia a una connotación normativa: es aquél cuyo comportamiento debe seguir un determinado número de principios… La secularización cambia radicalmente la identidad judía: ella pierde su sentido normativo y se convierte en una identidad descriptiva. El judío tradicional se distingue por lo que hace o debiera hacer; el nuevo judío es judío porque lo es, sin ninguna otra expectativa o aspiración particular” (página 23)

[3] Para Rabkin aquí encontraríamos uno de los lugares comunes entre el sionismo y el antisemitismo. “Entre otros se señalaban tres principios sobre los cuales los sionistas y los antisemitas estaban de acuerdo: los judíos no son un grupo religioso sino una nación aparte; los judíos nunca podrán integrarse en su país de acogida; y finalmente, la única solución al problema judío era su éxodo”. (página 155)

[4] Página 147.

[5] Página 147.

[6] Página 33.

[7] La historia de los Macabeos se relata en la Biblia y nos habla de cómo ante los intentos del rey griego Antíoco de forzar a los judíos a la idolatría, estos liderados por sus gobernantes, la familia de los Macabeos, recurre a la fuerza. Sin embargo, para el antisionismo religioso esta rebelión estaría justificada ya que el judío puede recurrir a la violencia cuando bajo coacción de muerte pretenden imponerle la idolatría.

[8] Página 112.

[9] Página 190.

[10] Y menos buscar la conexión con el terrorismo islámico.

[11] Página 203-204. Esto relacionaría más los orígenes de la violencia en la zona con la creación de una frontera de exclusión, muy similar a la que se dio en los Estados Unidos en el siglo XIX. Para la historiadora Anita Aspira “la psicología sionista se forma por dos parámetros contradictorios: un movimiento de liberación nacional y un movimiento de colonización europeo de un país de Oriente Medio” (página 203).

[12]El partido Modelet (cuyo sitio en ruso en Internet modificó el eslogan de la Segunda Guerra Mundial “¡Por nuestra patria soviética!” y afirma hoy “¡Por nuestra patria judía!”), al apoyar la idea de la deportación de los palestinos, publica una entrevista con una periodista rusa israelí quien afirma que sin la experiencia histórica que han conocido los judíos soviéticos, los israelíes serían incapaces de hacerle frente a su destino histórico. Los israelíes de origen ruso son los que deberían guiar a la nación y purificarla de toda clase de ilusiones. Según ella, el Estado de Israel es la vanguardia del pueblo judío que estaría amenazado de un exterminio total en el mundo del siglo XXI” (página 202)

[13] Esto no quiere decir que ignoremos que el sionismo tuvo un gran predicamento entre muchos judíos socialistas, que incluso llevaron un modelo económico autogestionado y comunitario a tierra Palestina, el kibbutz, el cuál hoy, si bien más edulcorado en sus planteamientos transformadores, se sigue manteniendo en el actual estado de Israel.

[14] Precisamente, uno de los pasajes más interesantes del libro es cuando éste nos desvela un profundo movimiento sionista dentro del cristianismo evangélico que ve en la creación de Israel el preámbulo para la segunda venida de Cristo. Muchos de estos grupos están relacionados con la Casa Blanca de George W. Bush, dándose un gran aporte económico al estado sionista. Esto podría llevarnos a explicar algunas de las causas del por qué esa incondicional ayuda de los Estados Unidos a Israel, lo que no deja de producir cierta desazón cuando el argumento teológico cobra una gran fuerza.

 

[15] Así, en la página 324 de La amenaza interior se recoge un extracto del padre de la patria israelí David Ben Gurión a raíz de la Noche de los cristales rotos de 1938. “Si yo sabía que se podía salvar a todos los niños judíos haciéndolos pasar a Inglaterra, o bien enviar solamente la mitad de ellos a Palestina, yo escogería esta segunda opción, porque lo que está en juego no es solamente la suerte de esos niños, sino del destino histórico del pueblo judío”. Aparte, el autor añade un poco más adelante: “El rabino reformista Berger reprocha a los sionistas… haber hecho fracasar cada una de las iniciativas de salvamento de los judíos en Europa, entre ellas la decisión del presidente Roosvelt de encontrar, desde el comienzo de la guerra, países de asilo a los refugiados”. (página 325)

[16] En la página 327 Rabkin recoge unas declaraciones hechas en 1938 por Jaím Weizmann, futuro presidente de Israel: “Queremos únicamente gente instruida en Palestina a fin de enriquecer la cultura. Los demás judíos deben permanecer ahí donde están y hacer frente a la suerte que los espera. Esos millones de judíos no son más que el polvo en las calles de la Historia, y pueden dejarse llevar por el viento. No queremos que inunden Palestina. No queremos que Tel Aviv se convierta en otro guetto pobre

[17] Página 331.

[18] El padre ideológico de la derecha israelí, el ruso Vladimir Jabotinsky, era un gran admirador de Mussolini.

[19]…para diversas autoridades rabínicas el pecado que desencadenó la Shoah no sería otro que el sionismo. Así, serían los sionistas los que habrían provocado a “las naciones” por su arrogancia, los que habían perturbado la tranquilidad de los judíos en la diáspora, y los que habían impedido los esfuerzos de negociación y de salvamento llevados a cabo durante la Segunda Guerra Mundial. Los sionistas habrían declarado la guerra contra Hitler y su país mucho antes de la Segunda Guerra, habrían llamado a un boicot económico de Alemania y también habrían provocado la furia del dictador”. (página 320). Esto último es falso ya que Hitler desde su Mein Kampf pone de manifiesto su intención de exterminar a los judíos.

[20]No se trata de Dios que “esconde su rostro” o de “un eclipse de Dios” sino más bien de su manifestación activa en la historia.” (página 342)

José María Pemán. Toda una vida al servicio del orden

I

Se cumple este año el XXV aniversario de la muerte del escritor gaditano José María Pemán y Pemartín (1897-1981) y de seguro que mientras este artículo se escribe, se publica y se lee, se estarán realizando conmemoraciones recordando al personaje. Una vida tan extensa como la de José María Pemán da muchos perfiles y unos remarcarán algunos mientras sombrearán otros. Sin duda, será recordada su labor como escritor y no serán pocos quienes pretenderán su redescubrimiento como antifranquista convencido para hacernos ver en él un liberal[1]. Esto último, no debe interpretarse más que como un acto de revisionismo, interesado en negar la aquiescencia de muchos hacia el franquismo en estos días de vientos nuevos donde todos son “demócratas de toda la vida” y, en última instancia, interesado en ocultar también lo que la transición es: una reforma desde el franquismo que institucionalizó la amnesia y la impunidad.

Lejos de estar nuestra intención en consonancia con lo que la historiografía oficial mantiene, vamos a intentar mostrar a un Pemán que siempre fue fiel a tres principios: el orden, el catolicismo y la monarquía, y que tuvo la suficiente agudeza para ir adaptándolos según ondearan los tiempos. Como buen hijo de la clase a la que pertenecía, la burguesía gaditana emparentada con la aristocracia terrateniente de Jerez, siempre fue un defensor de las elites y, evidentemente un celoso de sus privilegios a los que nunca aceptaría renunciar un ápice. Por ello, parafraseando a Lampedusa en su novela El gato pardo, fue consciente de que había que cambiar, para cambiar lo menos posible. No es, empero, nuestra intención hacer un balance de su tarea como escritor y tampoco la de juzgar si son convenientes los actos en su memoria, pues estos probablemente lo sean, ya que Pemán vehiculó durante muchos años la opinión pública de las clases conservadoras de este país. Por tanto, huimos de todo maniqueísmo, residiendo nuestra propuesta en un enfoque distinto sobre la figura del intelectual gaditano. Tampoco este artículo pretende hacer un análisis riguroso de su biografía analizando de manera exhaustiva sus filiaciones políticas en las sucesivas etapas que le tocó vivir. Simplemente pretende apuntar unas pinceladas donde hay unas sombras que a menudo se olvidan cuando se le ensalza, aportar una tibia y modesta luz sobre unos perfiles de su vida que están inevitablemente umbilicados a su persona y que esperamos no caigan en la desmemoria.

II

Es muy importante conocer el contexto familiar en el que se crió José María Pemán, ya hemos señalado su íntima vinculación no sólo con la burguesía gaditana, sino también con los terratenientes bodegueros de Jerez. Su padre era el abogado y político Juan Gualberto Pemán, varias veces diputado por el Partido Conservador de Maura por la circunscripción de El Puerto de Santa María, mientras que su madre María Pemartín era hija de bodegueros jerezanos de origen francés venidos a menos. Uno de sus hermanos estaba emparentado con los Primo de Rivera, mientras que él contrajo matrimonio con Dolores Domecq en 1922. Como ya apuntara Tuñón de Lara, el régimen de la Restauración (1876-1931) obedecía a un bloque de poder definido como “alianza entre las clases tradicionales (aristocracia) y otras que ascienden en el poderío económico (burguesía) con la decisiva matización de que la aristocracia se define por su condición de gran propietaria agraria y no por su carácter formalmente estamental, y con la observación no menos importante de que aquella conserva su hegemonía política –mentalidad, sistemas de valores, etc…-[2]. Estamos por tanto, en el caso de los Pemán, ante una práctica extensible a otras familias bien avenidas no sólo de la provincia de Cádiz sino de España, las alianzas de clase bendecidas por el matrimonio entre la burguesía urbana y la aristocracia latifundista, las conexiones personales entre el político y el terrateniente. “Los grandes poderes económicos del país no habían traído la Restauración para seguir aguardando, más o menos en vilo, las decisiones de una clase política ambigua, las fluctuaciones que impusiera un sufragio universal que estaba en la constitución del 69, o las presiones de la calle[3]. De este modo, José María Pemán vino a nacer en el seno de una familia defensora del régimen restauracionista, eran gente de orden, y esta impronta quedaría marcada a fuego en el ideario del intelectual gaditano que siempre fue ante todo un defensor de éste, temeroso a que un cambio social pusiera en peligro sus privilegios.

III

Se extraña Álvarez Chillida de que siendo su padre un liberal doctrinario, José María Pemán se adhiriera en los años veinte al tradicionalismo político y mantiene que posiblemente se impregnara de esta ideología en el colegio marianista de San Felipe Neri. Sin embargo, y al margen de la influencia que ejerciera sobre él esta orden eclesiástica, hemos de analizar el contexto en el que nos movemos. Lo primero a observar es la escasa distancia existente entre un liberal doctrinario y un tradicionalista, y más cuando en España los ideales de la revolución burguesa se habían hecho en alianza entre la alta burguesía y la aristocracia[4]. Lo segundo es que cuando el joven Pemán entra en política se está dando lo que Hobsbawm ha denominado la caída del liberalismo. El liberalismo entra en crisis tras acabar la 1ª Guerra Mundial (1914-1918), la Revolución Rusa ha desencadenado una oleada de movimientos sociales que hace que muchos gobiernos europeos basculen hacia el autoritarismo. Se pide por parte de las oligarquías una autoridad fuerte, frente a la separación de poderes. En el caso de España, la efervescencia social ya existe antes de 1917, merced a unas masas obreras del campo y de la ciudad que viven en condiciones míseras y que desde posturas anarcosindicalistas principalmente piden un cambio en las relaciones de producción. Si sumamos esto a la guerra de Marruecos, la muerte de los grandes ideólogos del régimen restauracionista, un rey incapaz… hace que las élites que sirvieron como base a la Restauración, pidan en boga con los tiempos que corren por Europa una mano fuerte que gobierne el país. Ese hombre de hierro llega en la figura de Miguel Primo de Rivera, al que el joven Pemán velozmente se va a sumar como partidario.

Pronto, y más aún después de 1925, cuando Primo decide perpetuar su régimen y pierde muchos apoyos, José María Pemán se va a destacar por algo sin lo cual no se puede entender su figura. Su papel como ideólogo, de la Unión Patriótica primero y del 18 de Julio –que no del franquismo- después. De un modo u otro, esta labor quedaría umbilicada a su personalidad y cuando alguien pretende acercarse a su biografía, dicha labor no puede, ni merece, quedar relegada al olvido.

Como buen tradicionalista los principios sobre los que según él se asentaba la sociedad eran el respeto a la jerarquía y el desarrollo orgánico de ésta, merced a leyes providenciales. “Para Pemán, el desarrollo natural y providencial de la sociedad partía de la familia, se ensanchaba en la comarca y terminaba en la nación, pasando por otros núcleos de cohesión social como el gremio, la corporación, la universidad[5]. Obsérvese que Pemán no habla de la región, tan anclada en el movimiento tradicionalista español por antonomasia, el carlismo. Por el contrario, el intelectual gaditano se va a caracterizar por la defensa del centralismo español, frente al fuerismo carlista. Y es que, el tradicionalismo que abraza Pemán es el de una Iglesia fuertemente conservadora, unida a los grandes grupos de poder y de un catolicismo fuertemente reaccionario que gira en torno a la ACNP (Asociación Católica Nacional de Propagandistas) dirigida por Herrera Oria. La ACNP, a través de su órgano portavoz El Debate, era la organización propia del activismo católico, y propugnaba una estrecha alianza entre la Iglesia y el Estado para que este último restaurase la autoridad espiritual de aquélla. Era contraria por ejemplo al sufragio universal, aunque era partidaria de que los católicos participaran en el juego de los partidos, como medio para alcanzar el poder e inaugurar un Estado que como hemos señalado defendía una alianza con la iglesia[6], lo que evidentemente tenía poco de democrático y de liberal.

IV

En 1933 desde las páginas de Ellas hacia José María Pemán un llamamiento a las mujeres para que no sintieran demasiado apego por la democracia, mientras no paraba de lanzar vítores al régimen de Mussolini y al modelo de sociedad que defendía[7]. Sin embargo a pesar de sus coqueteos con él, Pemán nunca fue fascista. Y es que si algo hizo el fascismo –y definitivamente la subida de Hitler al poder en Alemania en 1933 dio un definitivo impulso a ello- fue que inspiró a la inmensa mayoría de las derechas, y les dio lo que Hobsbawm ha denominado una “confianza histórica[8]. Las derechas, que antes habían sido liberales, y que veían amenazados sus privilegios por unos movimientos sociales en auge, se fascistizaron. De este modo, el pensamiento del escritor con su tradicionalismo defensor de la monarquía y de la catolicidad, sufrió una radicalización gracias a ese auge del fascismo[9]. Solamente cuando la paz social se aseguró volverían estas derechas –y el caso de Pemán es paradigmático- a alabar el sistema de división de poderes y el juego democrático de partidos, elecciones y libertades individuales. Como hemos apuntado antes, el intelectual gaditano fue ante todo un amante del orden establecido, muy celoso de sus privilegios y con unas convicciones monárquicas y católicas muy fuertes que nunca abandonaría. Razón por la que cuando se proclamó la II República Pemán abjurara de ella, rechazo que se acrecentó aún más cuando el nuevo régimen intentó abordar una reforma de la propiedad y una reforma del Estado y pretendió implantar el laicismo, convirtiéndose entonces el escritor en lo que Areilza llamó “la voz de la contrarrevolución”. Ahora bien, que José María Pemán se viera envuelto en esta dinámica que sufrieron los movimientos conservadores en el período de entreguerras, no lo excusa de sus actos, y quizá del acto por el que debiera de ser más recordado, y del que no mostraría arrepentimiento en todos los días de su vida. Su papel como ideólogo y propagandista del movimiento nacido el 18 de Julio de 1936 como producto de un golpe de estado fallido y que desembocó en una guerra civil.

V

Se quejaba Antonio Burgos en un famoso artículo de prensa[10] de cómo mientras a Alberti se le homenajeaba y nadie recordaba su pasado estalinista –lo cuál hasta cierto punto puede ser cierto-, Pemán quedaba arrinconado por su labor como escritor y lo único que se recordaba de él era su filiación política durante la guerra civil, obviando su evolución liberal. Este discurso no exento de victimismo, plantea algunas de las cuestiones que hemos puesto sobre la mesa. No era Pemán un liberal y un demócrata convencido y si se le recuerda por su labor durante la guerra civil es algo merecido, ya que su labor en el bando sublevado no es alcanzada ni de lejos por Alberti u otros intelectuales que se mantuvieron contrarios a tal sublevación. Rafael Alberti no era más que una figura decorativa de a las que a la izquierda les gusta rodearse no pocas veces para dar una cierta legitimidad a sus reivindicaciones, Pemán era además de un propagandista un ideólogo que configuró algunos de los rasgos del Nuevo Estado que acabaría por imponerse definitivamente el 1 de Abril de 1939. La comparación entre uno y otro por tanto es huera.

Ya en los primeros años de la República, Pemán va a acuñar dos términos que a la larga tendrán gran éxito “cruzada” y “movimiento nacional”[11]. Esto que bien podría quedarse en mera anécdota, no lo es si tenemos en cuenta el papel tan importante que desarrolló el intelectual gaditano en el diseño de la educación del Nuevo Estado. Muchos son los que han querido hacernos ver que Pemán se limitó a una actitud de propaganda que alcanzó su culmen con el poema de la Bestia y el Ángel. Si nos limitáramos a esto, entonces la comparación entre Pemán y Alberti u otros si podría tener cierta verosimilitud y Pemán de esta forma quedaría igualado a personajes como Gerardo Diego, único poeta de la generación del 27 que apoyó a los militares sublevados. Sin embargo, el grado de implicación en la represión hacia los maestros del escritor gaditano es muy profundo[12], como lo demuestra el hecho de que pasara a presidir el 7 de Octubre de 1936 la comisión de Cultura y Enseñanza, encargada de la “reorganización de los centros de enseñanza y estudios [así como] de las modificaciones necesarias para adaptar éstos a las orientaciones del nuevo Estado".[13] Dicha comisión, hasta que fue sustituida por los departamentos ministeriales en Enero de 1938, se apresuró a regular las prácticas religiosas en todas las escuelas situadas dentro del territorio controlado por Burgos y lo que es más importante, de la depuración de los maestros.[14] Este afán depurador no debe extrañarnos, más cuando los militares se apoyaron en unos elementos civiles que defendían la necesidad de una contrarrevolución en España y en la que muchos veían en José María Pemán un portavoz. No es raro pues que “básicamente, las disposiciones que regularon el proceso depurador [de los maestros] durante la guerra se promulgaran entre noviembre del 36 y febrero del 37 [15], ya que siguiendo las ideas de los contrarrevolucionarios que se habían sublevado contra la II República se debía imponer un Nuevo Estado que paralizara por el terror al contrincante, mediante una represión irracional que borrara todo vestigio de etapas anteriores más liberales o revolucionarias. Los maestros, en tanto que transmisores de esa cultura nítidamente democrática y/o revolucionaria, se situaban por tanto en el punto de mira del nuevo régimen, más si cabe, cuando éste pretendía que la escuela fuera uno de sus pilares ideológicos.[16] Precisamente por la necesidad de justificar y legitimar al nuevo régimen, el primer libro de texto oficial y obligatorio fue el de historia, tarea ésta que inició José María Pemán. En 1938 y ya desprendido de su presidencia de la comisión de Cultura y Enseñanza, publicaba La historia de España contada con sencillez, para los niños…y para muchos que no lo son, texto que según Fontana era casi idéntico al que editaría el Instituto de España en Santander en 1939 bajo el título de Manual de historia de España y con el que se enseñaría a toda una generación educada durante la guerra y la posguerra. La verdad es que si nos atenemos a la concepción que Pemán tenía de la historia, esta es muy roma: idealista y providencialista. Idealista porque eran para él las ideas de los individuos geniales las que hacen mover la historia.[17] Providencialista, porque siguiendo una concepción que se iniciaba en los reaccionarios franceses del XIX (Barruel, de Bonald, de Maistre…) y que acababa en el ruso Berdiaev, veía la historia como una lucha entre el Bien y el Mal, entre los que quieren defender el orden –que son emisarios divinos- y los que pretenden subvertirlo, fuerzas enviadas por Satán. Pero esto no nos puede extrañar en un individuo que en 1937 en un arranque de irracionalismo y visceralidad había afirmado en un discurso ante Franco “El catecismo o el refranero, que hablan por afirmaciones, son más creíbles que los profesores de Filosofía, que hablan por argumentos[18].

VII

Los apologetas de la figura de Pemán, siempre han preferido centrarse en su etapa posterior a la guerra civil, dando una especial relevancia a su época de miembro del Consejo privado de Don Juan de Borbón y a su consiguiente aperturismo. No obstante, hay que señalar algo que hoy en los vientos juancarlistas que corren se omite. Don Juan no era un liberal convencido y si se adscribió a las tesis que propugnaban la reconciliación entre los españoles e incluso se aprestó a colaborar –de forma más velada de lo que la propaganda luego nos ha hecho creer- con la oposición antifranquista en Munich fue por oportunismo. Su famoso manifiesto de Lausana de 1945 era profundamente conservador y en él concebía la monarquía como garante del orden, manifestando su deseo de volver a España e ignorando a la II República.[19] No, la reconversión de Don Juan no fue sincera y se dio sólo por una apetencia de ocupar el poder que ocupaba Franco, ya que si lo hubiera sido nunca hubiera vivido en Estoril, bajo el régimen corporativista que subyugó a Portugal durante más de cuarenta años (1928-1974), mirando a otro lado rodeado de toda una pléyade de nobles sin reino y dictadores exiliados, mientras el salazarismo reprimía cualquier conato de lucha de clases, como la que sacudió al Alentejo luso durante los años cincuenta.

En este contexto ¿De verás podemos hablar con propiedad de un Pemán liberal? Cierto es que muy pronto, el escritor gaditano se sintió decepcionado al comprobar que Franco no iba a permitir la vuelta de un rey, pero cierto es también que nunca fue un antifranquista.[20] De hecho, una cualidad de José María Pemán que hay que reconocerle como su falta de ambición, fue usada por Franco para utilizarlo de intermediario entre él y Don Juan. En definitiva, la “oposición” monárquica al franquismo fue una oposición tolerada por el propio régimen, que nunca vio en ella unas claras intenciones de derribarlo, ya que la inmensa mayoría de estos monárquicos –incluidos algunos en un confortable exilio, caso de Gil Robles- se sentían cómodos dentro de la dictadura, a pesar de ciertas discrepancias.

A diferencia de un sector intransigente que la historiografía ha dado en denominar como “búnker”, la mayoría de tendencias falangistas, muchos otros entre ellos Pemán, como ya señalamos al principio de este artículo, se dieron cuenta de que tarde o temprano había que cambiar para que todo cambiara lo menos posible. La burguesía comprendió que era necesario un cambio político debido a las presiones de una clase obrera y al interés de esta burguesía por integrarse en la CEE, con la que la importante inversión extranjera se vería aumentada. Aunque se daba un proletariado interesado en cambiar las relaciones de producción, no es menos cierto que éste ya no tenía la independencia que pudo tener en los años treinta con el anarcosindicalismo, puesto que se miraba en demasía en unos líderes que “se habían vendido a los designios del capitalismo internacional, acuñando palabras como socialdemocracia o eurocomunismo[21]. Si a esto sumamos el nacimiento de una clase media preocupada únicamente por su bienestar personal, debido al “boom” económico de los sesenta que sufrió el mundo occidental en general y España en particular por efecto de arrastre, llegamos a la conclusión de que la paz social en cierto modo estaba asegurada. Ya no había peligro en traer la democracia, en defender las libertades individuales, en el juego de partidos y parlamentos, ya estaba todo “atado y bien atado”. La derecha podía permitirse adscribirse de nuevo a los principios del sistema liberal. En este sentido, sí podemos decir que José María Pemán tuvo la clarividencia suficiente, y por ello a partir de los años sesenta admitió como correligionarios a algunos demócratas, aunque como ya hemos remarcado en repetidas ocasiones jamás renegó de la dictadura franquista.

Igual que en los años treinta había dado los nombres de “cruzada” y de “movimiento nacional”, en los años finales del franquismo anticipó lo que habría de venir, un cambio hacia la democracia hecho desde el propio régimen.[22] Como creador de opinión entre los círculos conservadores del país, contribuyó a que gran parte de la burguesía española dejara de temer una democracia, al darse cuenta ésta de que nada tendría que temer si seguía siendo ella- la burguesía terrateniente-financiera, convertida en financiero-especulativa- el “bloque de poder”, si como un traje, la democracia que había de venir se hacía a su medida. Esta democracia se asentaría sobre la amnesia y la impunidad de toda la represión ejercida por el franquismo sobre los vencidos en la guerra civil, amnesia e impunidad a la que por supuesto José María Pemán se sumó en los años sesenta cuando el régimen de Franco inició cierto aperturismo y el único escollo para llegar a implantar un sistema democrático era un oxidado dictador y un búnker más perro ladrador que mordedor. Así, Pemán pasó del discurso de gesta heroica –“esa contienda magnífica que desangra a España” según sus palabras- al discurso de todos fuimos culpables, al de repartir fifty-fifty responsabilidades[23], obviando que no se podían comparar los excesos hechos en uno y otro bando[24] e intentando minimizar con ello su directa implicación en las actividades depurativas, tarea a la que consagró algunos de sus libros, caso de Mis encuentros con Franco o Comentario a mil imágenes de la guerra civil española. En el primer libro, el escritor gaditano pretendía haber recriminado a Franco en los años cuarenta el haber ejecutado a personajes como Zugazagoitia, Muñoz Martínez o Companys, en el segundo, intentaba hacer creer que sólo había militado en la Unión Patriótica primorriverista. En definitiva, con ello, con el discurso de la “locura trágica”, del “todos fuimos culpables”, Pemán quería entre otras cosas hacer olvidar la realidad de unos hechos que directamente lo acusaban con el dedo. Por otro lado, es de mencionar que nunca se arrepintió de su filiación política durante la guerra y de un modo u otro siguió siempre defendiendo la sublevación. Unas veces más claramente –“La República no había sido democrática ni liberal y no había tolerado a la derecha católica que lealmente quiso colaborar con ella[25] (!)- otras veces de una manera más velada –“Hay que recordar que hubo una guerra, pero hay que recordar sobre todo que se hizo la paz[26]-.

Con todo esto lo que queremos decir es que Pemán para nada renunció a sus principios, ni cambió de camisa. La defensa del orden, de la monarquía y del catolicismo siempre fueron su faro y guía, simplemente tuvo la agudeza suficiente para ir amoldándolos a los nuevos tiempos. Unos nuevos tiempos en los que Europa había vencido al fascismo, se había consolidado la democracia parlamentaria y la revolución había dejado de ser un problema, gracias a la socialdemocracia y al afianzamiento de potentes clases medias. Simplemente, José María Pemán desde su conservadurismo supo ver esto y contribuyó a hacer ver al “bloque de poder” en España que no había nada de lo que asustarse. El discurso de “locura trágica” y cuarenta años de franquismo y desmemoria hicieron el resto. Una desmemoria que nos ha hecho ver a Pemán como un propagandista e incluso como un liberal, como la cara amable de un régimen que en el fondo no fue tan perverso. Una desmemoria que echa tierra por encima sobre una de sus principales características y sin la que la figura del intelectual gaditano no se entiende: su papel de ideólogo. Sí, cierto, unas veces de Unión Patriótica o de la ACNP, otras de la sublevación del 18 de Julio –en donde desempeñó una labor represiva muy importante-, algunas más del monarquismo juanista, incluso en el proceso de transición se podría afirmar que José María Pemán iluminó algunos caminos, pero básicamente todo estos papeles de teórico se pueden concentrar en uno: su mente al servicio del “bloque de poder”, al servicio del orden.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bibliografía:

 

 

 

Libros:

 

AAVV “Revolución burguesa, oligarquía y constitucionalismo (1834-1923) Tomo VIII Historia de España dirigida por Manuel Tuñón de Lara. Ed. Labor, Barcelona 1990

 

AAVV “Enseñar historia con una guerra civil de por medio” (con prólogo de Josep Fontana) Editorial Crítica, Barcelona 1999

Álvarez Chillida, Gonzalo “José María Pemán. Pensamiento y trayectoria de un monárquico (1897-1941)” Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, Cádiz 1996

 

Fontana, Josep (ed.) “España bajo el franquismo” Editorial Crítica, Barcelona 2000

 

Hobsbawm, Eric “Historia del siglo XX” Editorial Crítica, Barcelona 2005

 

Tusell, Javier, Álvarez Chillida, Gonzalo. “Pemán. Un trayecto intelectual desde la extrema derecha hasta la democracia” Editorial Planeta, Barcelona 1998

 

Páginas web:

www.mec.es/cide/

www.antonioburgos.com

Artículos:

Oñate Méndez, Alfonso “Las bases del discurso histórico del Partido Popular” Ubi Sunt Nº14

Río, José Ramón del “José María Pemán” 28/7/2005, Diario de Cádiz



[1] Esto en absoluto es nuevo y si no véase Tusell, Javier y Álvarez Chillida, Gonzalo con el ilustrador título “Pemán. Un trayecto intelectual desde la extrema derecha hasta la democracia” Editorial Planeta, Barcelona 1998. Para ver comentarios más recientes intentando remarcar este aspecto véase del Río, José Ramón “José María Pemán” 28/7/2005, Diario de Cádiz “No quiero en estas líneas ni siquiera intentar demostrar que Pemán era un liberal, de ideas profundamente democráticas, sin apego a la dictadura. Esto queda para el redescubrimiento de su figura que propongo con este artículo.”

[2] Tuñón de Lara, Manuel “Estudios sobre el siglo XIX español”, citado por Jover Zamora, José María AAVV “Revolución burguesa, oligarquía y constitucionalismo (1834-1923) Tomo VIII Historia de España dirigida por Manuel Tuñón de Lara. Ed. Labor, Barcelona 1990, p. 295

[3] Op.cit.p. 296

[4] Los liberales exaltados, herederos ideológicos de los movimientos que se desataron en el año II de la Revolución Francesa, en España habían quedado muy mermados tras el Sexenio (1868-1874) y muchos acabarían desembocando producto de una evolución natural en el anarquismo. Sería esa pequeña fracción de burguesía avanzada y progresista, con preocupaciones sociales, la que nuevamente volvería a retornar al poder con el advenimiento de la II República.

[5] Tusell, Javier, Álvarez Chillida, Gonzalo. “Pemán. Un trayecto intelectual desde la extrema derecha hasta la democracia” Editorial Planeta, Barcelona 1998 p.18

[6] Es decir lo que anteriormente se denominó la unión del trono y del altar.

[7] Álvarez Chillida, Gonzalo “José María Pemán. Pensamiento y trayectoria de un monárquico (1897-1941)” Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, Cádiz 1996 p.69

[8]…durante el período de entreguerras, la alianza natural de la derecha abarcaba desde los conservadores tradicionales hasta el sector más extremo de la patología fascista, pasando por los reaccionarios de viejo cuño. Las fuerzas tradicionales del conservadurismo eran fuertes pero poco activas. El fascismo les dio una dinámica y, lo que tal vez es más importante, el ejemplo de su triunfo sobre las fuerzas del desorden…lo hicieron aparecer como el movimiento del futuro.” Hobsbawm, Eric “Historia del siglo XX” Editorial Crítica, Barcelona 2005 p.130

[9]El nexo de unión entre la Iglesia, los reaccionarios de viejo cuño y los fascistas era el odio común a la Ilustración del siglo XVIII, a la revolución francesa y a cuanto creían fruto de esta última: la democracia, el liberalismo y, especialmente, el <>” Op.cit.p.125

[10] San Alberti y el demonio Pemán “www.antonioburgos.com”

[11] Citado en Álvarez Chillida p.55 y p.69 Con respecto al término cruzada, éste lo acuñó en un mitin en el teatro cómico de Cádiz, en la presentación de Acción Ciudadana, ligada a la católica Acción Nacional el 2 de Enero de 1932, en la que presentaba su intención de convertirse en ideólogo de la nueva organización, aunque sin afán de puestos directivos. Ibíd.p.55

[12] Grado de implicación que no debe extrañarnos en una persona que presidía en los años de la República la revista Ellas algunos de cuyos titulares comentaban: “Lista negra de los diputados que votaron la ley contra las Congregaciones Religiosas. ¡Estos son! ¡No los olvidéis!”Op.cit.p.64

[13] www.mec.es/cide/

[14] No nos vamos a andar con eufemismos. Depuración quiere decir: represión, cárcel, exilio, muerte… En 1937 José Pemartín, primo de José María Pemán y jefe del servicio de enseñanza superior y media decía que “tal vez un 75% del personal oficial enseñante ha traicionado a la causa nacional. Una depuración inevitable va a disminuir considerablemente, sin duda, la cantidad de personas de la enseñanza oficial” AAVV “Enseñar historia con una guerra civil de por medio” (con prólogo de Josep Fontana) Editorial Crítica, Barcelona 1999 p.16. González Chillida intenta minimizar la labor represiva de Pemán extendiéndola sólo a la depuración ideológica y achacando las físicas a Enrique Suñer, argumentando que el gaditano continuamente estaba ausente, inmiscuido en su labor de propagandista. Al que escribe esto le parece un argumento vacuo, de un modo u otro Pemán es responsable, ya sea por acción, ya sea por omisión. A pesar de todo el propio González Chillida se contradice unas páginas más adelante al insertar un pie de página con una circular a los vocales de las Comisiones depuradoras de Instrucción Pública hecha bajo la directa responsabilidad del gaditano (BOE, 10/12/1936) “El carácter de la depuración que hoy se persigue no es sólo punitivo, sino también preventivo…; no se volverá a tolerar, ni menos a proteger y subvencionar, a los envenenadores del alma popular, primeros y mayores responsables de todos los crímenes y destrucciones que sobrecogen al mundo…”Citado en Álvarez Chillida pp.82-102 y p.155

[15] Alted, Alicia “Notas para la configuración y el análisis de la política cultural del franquismo en sus comienzos: La labor del ministerio de Educación Nacional durante la guerra” en “España bajo el franquismo” Fontana, Josep (Ed.), Editorial Crítica, Barcelona 2000. p. 221

[16] “La enseñanza había de ser una mezcla de patrioterismo y religión, destinada a implantar convicciones, para lo cuál convenía que usara elementos que sirviesen para crear emociones más que para suscitar la reflexión” Citado en Fontana, Josep “Escribir historia con una guerra civil de por medio” p.17

[17] “La Historia es como un cuento maravilloso; pero un cuento en que todo es verdad, en que son ciertos los hechos grandiosos, heroicos y emocionantes que refiere… Por la Historia se sabe lo que ha ocurrido en cada país y cómo fueron sus Reyes, sus gobernantes y sus personajes más ilustres…nos habla de todos aquellos que hicieron en su vida algo noble e importante. La Historia hace relación de las guerras, de las hazañas extraordinarias, de las aventuras fantásticas, de los viajes y de las exploraciones arriesgadas…” Manual de historia de España. Primer grado. Op.cit. p.91

[18] Op. cit. p.17

[19] “Sólo la Monarquía tradicional puede ser instrumento de paz y concordia para reconciliar a los españoles; sólo ella puede obtener respeto en el exterior, mediante un efectivo estado de derecho, y realizar una armoniosa síntesis de orden y de la libertad en que se basa la concepción cristiana del Estado…Por estas razones, me revuelvo, para descargar mi conciencia del agobio cada día más apremiante de la responsabilidad que me incumbe, a levantar mi voz y requerir solemnemente al general Franco para que, reconociendo el fracaso de su concepción totalitaria del Estado, abandone el poder y dé paso a la restauración del Régimen tradicional de España, único capaz de garantizar la Religión, el Orden y la Libertad”

[20] “Y es precisamente esa sencillez y evidencia la que hace que me coja siempre de sorpresa la interpretación de rebeldía o desacato que se da a un acto de lealtad monárquica… ¿Por qué esta preocupación tan austeramente doctrinal y tan entrañablemente española va ser ¡Dios mío! Incompatible con la admiración y el cariño por el general que ganó la guerra y al que España tanto debe? Créame que son muchos los españoles que quieren albergar en sus tranquilas conciencias, sin hacer de ello un conflicto ni un problema, la lealtad al rey y la devoción a Franco.”Citado en Tusell, y González Chillida p.86

[21] Oñate Méndez, Alfonso “Las bases del discurso histórico del Partido Popular” Ubi Sunt Nº14

[22] No hay que olvidar que la Ley para la Reforma Política fue aprobada por las Cortes franquistas en 1976 y que el rey Juan Carlos I fue nombrado por Franco como heredero en 1969 en virtud de la Ley de Sucesión de 1947, o que de los siete ponentes de la Constitución de 1978, cuatro tienen directa relación con el régimen anterior.

[23] “Hay que recordar lo malo que hicieron unos y lo malo que hicieron otros, para deducir que conviene olvidar mucho de todo eso…” Citado en Tusell, y Álvarez Chillida, p.208

[24] “En el bando republicano, los máximos dirigentes políticos condenaron públicamente los excesos y se esforzaron por limitarlos…y se esforzó por mantener un mínimo de garantías legales. Nada semejante…se puede encontrar en el otro bando, donde el exceso y la violencia fueron alentados y legalizados por los propios dirigentes…la represión cumplía en el bando franquista una función política fundamental…la de paralizar al enemigo por el terror” Citado en Fontana, Josep (ed) p.18

[25] Citado en Tusell, Javier y Álvarez Chillida p.207

[26] Citado en Tusell, Javier y Álvarez Chillida p.208 Ya sabemos que entiende Pemán por paz, una paz llena de silencios forzados, de caminos de exilio, de muerte…Y es que como decía Fernando Fernán-Gómez en su libro Las bicicletas son para el verano, no había llegado la paz, había llegado la victoria

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José María Pemán. Toda una vida al servicio del orden

I

Se cumple este año el XXV aniversario de la muerte del escritor gaditano José María Pemán y Pemartín (1897-1981) y de seguro que mientras este artículo se escribe, se publica y se lee, se estarán realizando conmemoraciones recordando al personaje. Una vida tan extensa como la de José María Pemán da muchos perfiles y unos remarcarán algunos mientras sombrearán otros. Sin duda, será recordada su labor como escritor y no serán pocos quienes pretenderán su redescubrimiento como antifranquista convencido para hacernos ver en él un liberal[1]. Esto último, no debe interpretarse más que como un acto de revisionismo, interesado en negar la aquiescencia de muchos hacia el franquismo en estos días de vientos nuevos donde todos son “demócratas de toda la vida” y, en última instancia, interesado en ocultar también lo que la transición es: una reforma desde el franquismo que institucionalizó la amnesia y la impunidad.

Lejos de estar nuestra intención en consonancia con lo que la historiografía oficial mantiene, vamos a intentar mostrar a un Pemán que siempre fue fiel a tres principios: el orden, el catolicismo y la monarquía, y que tuvo la suficiente agudeza para ir adaptándolos según ondearan los tiempos. Como buen hijo de la clase a la que pertenecía, la burguesía gaditana emparentada con la aristocracia terrateniente de Jerez, siempre fue un defensor de las elites y, evidentemente un celoso de sus privilegios a los que nunca aceptaría renunciar un ápice. Por ello, parafraseando a Lampedusa en su novela El gato pardo, fue consciente de que había que cambiar, para cambiar lo menos posible. No es, empero, nuestra intención hacer un balance de su tarea como escritor y tampoco la de juzgar si son convenientes los actos en su memoria, pues estos probablemente lo sean, ya que Pemán vehiculó durante muchos años la opinión pública de las clases conservadoras de este país. Por tanto, huimos de todo maniqueísmo, residiendo nuestra propuesta en un enfoque distinto sobre la figura del intelectual gaditano. Tampoco este artículo pretende hacer un análisis riguroso de su biografía analizando de manera exhaustiva sus filiaciones políticas en las sucesivas etapas que le tocó vivir. Simplemente pretende apuntar unas pinceladas donde hay unas sombras que a menudo se olvidan cuando se le ensalza, aportar una tibia y modesta luz sobre unos perfiles de su vida que están inevitablemente umbilicados a su persona y que esperamos no caigan en la desmemoria.

II

Es muy importante conocer el contexto familiar en el que se crió José María Pemán, ya hemos señalado su íntima vinculación no sólo con la burguesía gaditana, sino también con los terratenientes bodegueros de Jerez. Su padre era el abogado y político Juan Gualberto Pemán, varias veces diputado por el Partido Conservador de Maura por la circunscripción de El Puerto de Santa María, mientras que su madre María Pemartín era hija de bodegueros jerezanos de origen francés venidos a menos. Uno de sus hermanos estaba emparentado con los Primo de Rivera, mientras que él contrajo matrimonio con Dolores Domecq en 1922. Como ya apuntara Tuñón de Lara, el régimen de la Restauración (1876-1931) obedecía a un bloque de poder definido como “alianza entre las clases tradicionales (aristocracia) y otras que ascienden en el poderío económico (burguesía) con la decisiva matización de que la aristocracia se define por su condición de gran propietaria agraria y no por su carácter formalmente estamental, y con la observación no menos importante de que aquella conserva su hegemonía política –mentalidad, sistemas de valores, etc…-[2]. Estamos por tanto, en el caso de los Pemán, ante una práctica extensible a otras familias bien avenidas no sólo de la provincia de Cádiz sino de España, las alianzas de clase bendecidas por el matrimonio entre la burguesía urbana y la aristocracia latifundista, las conexiones personales entre el político y el terrateniente. “Los grandes poderes económicos del país no habían traído la Restauración para seguir aguardando, más o menos en vilo, las decisiones de una clase política ambigua, las fluctuaciones que impusiera un sufragio universal que estaba en la constitución del 69, o las presiones de la calle[3]. De este modo, José María Pemán vino a nacer en el seno de una familia defensora del régimen restauracionista, eran gente de orden, y esta impronta quedaría marcada a fuego en el ideario del intelectual gaditano que siempre fue ante todo un defensor de éste, temeroso a que un cambio social pusiera en peligro sus privilegios.

III

Se extraña Álvarez Chillida de que siendo su padre un liberal doctrinario, José María Pemán se adhiriera en los años veinte al tradicionalismo político y mantiene que posiblemente se impregnara de esta ideología en el colegio marianista de San Felipe Neri. Sin embargo, y al margen de la influencia que ejerciera sobre él esta orden eclesiástica, hemos de analizar el contexto en el que nos movemos. Lo primero a observar es la escasa distancia existente entre un liberal doctrinario y un tradicionalista, y más cuando en España los ideales de la revolución burguesa se habían hecho en alianza entre la alta burguesía y la aristocracia[4]. Lo segundo es que cuando el joven Pemán entra en política se está dando lo que Hobsbawm ha denominado la caída del liberalismo. El liberalismo entra en crisis tras acabar la 1ª Guerra Mundial (1914-1918), la Revolución Rusa ha desencadenado una oleada de movimientos sociales que hace que muchos gobiernos europeos basculen hacia el autoritarismo. Se pide por parte de las oligarquías una autoridad fuerte, frente a la separación de poderes. En el caso de España, la efervescencia social ya existe antes de 1917, merced a unas masas obreras del campo y de la ciudad que viven en condiciones míseras y que desde posturas anarcosindicalistas principalmente piden un cambio en las relaciones de producción. Si sumamos esto a la guerra de Marruecos, la muerte de los grandes ideólogos del régimen restauracionista, un rey incapaz… hace que las élites que sirvieron como base a la Restauración, pidan en boga con los tiempos que corren por Europa una mano fuerte que gobierne el país. Ese hombre de hierro llega en la figura de Miguel Primo de Rivera, al que el joven Pemán velozmente se va a sumar como partidario.

Pronto, y más aún después de 1925, cuando Primo decide perpetuar su régimen y pierde muchos apoyos, José María Pemán se va a destacar por algo sin lo cual no se puede entender su figura. Su papel como ideólogo, de la Unión Patriótica primero y del 18 de Julio –que no del franquismo- después. De un modo u otro, esta labor quedaría umbilicada a su personalidad y cuando alguien pretende acercarse a su biografía, dicha labor no puede, ni merece, quedar relegada al olvido.

Como buen tradicionalista los principios sobre los que según él se asentaba la sociedad eran el respeto a la jerarquía y el desarrollo orgánico de ésta, merced a leyes providenciales. “Para Pemán, el desarrollo natural y providencial de la sociedad partía de la familia, se ensanchaba en la comarca y terminaba en la nación, pasando por otros núcleos de cohesión social como el gremio, la corporación, la universidad[5]. Obsérvese que Pemán no habla de la región, tan anclada en el movimiento tradicionalista español por antonomasia, el carlismo. Por el contrario, el intelectual gaditano se va a caracterizar por la defensa del centralismo español, frente al fuerismo carlista. Y es que, el tradicionalismo que abraza Pemán es el de una Iglesia fuertemente conservadora, unida a los grandes grupos de poder y de un catolicismo fuertemente reaccionario que gira en torno a la ACNP (Asociación Católica Nacional de Propagandistas) dirigida por Herrera Oria. La ACNP, a través de su órgano portavoz El Debate, era la organización propia del activismo católico, y propugnaba una estrecha alianza entre la Iglesia y el Estado para que este último restaurase la autoridad espiritual de aquélla. Era contraria por ejemplo al sufragio universal, aunque era partidaria de que los católicos participaran en el juego de los partidos, como medio para alcanzar el poder e inaugurar un Estado que como hemos señalado defendía una alianza con la iglesia[6], lo que evidentemente tenía poco de democrático y de liberal.

IV

En 1933 desde las páginas de Ellas hacia José María Pemán un llamamiento a las mujeres para que no sintieran demasiado apego por la democracia, mientras no paraba de lanzar vítores al régimen de Mussolini y al modelo de sociedad que defendía[7]. Sin embargo a pesar de sus coqueteos con él, Pemán nunca fue fascista. Y es que si algo hizo el fascismo –y definitivamente la subida de Hitler al poder en Alemania en 1933 dio un definitivo impulso a ello- fue que inspiró a la inmensa mayoría de las derechas, y les dio lo que Hobsbawm ha denominado una “confianza histórica[8]. Las derechas, que antes habían sido liberales, y que veían amenazados sus privilegios por unos movimientos sociales en auge, se fascistizaron. De este modo, el pensamiento del escritor con su tradicionalismo defensor de la monarquía y de la catolicidad, sufrió una radicalización gracias a ese auge del fascismo[9]. Solamente cuando la paz social se aseguró volverían estas derechas –y el caso de Pemán es paradigmático- a alabar el sistema de división de poderes y el juego democrático de partidos, elecciones y libertades individuales. Como hemos apuntado antes, el intelectual gaditano fue ante todo un amante del orden establecido, muy celoso de sus privilegios y con unas convicciones monárquicas y católicas muy fuertes que nunca abandonaría. Razón por la que cuando se proclamó la II República Pemán abjurara de ella, rechazo que se acrecentó aún más cuando el nuevo régimen intentó abordar una reforma de la propiedad y una reforma del Estado y pretendió implantar el laicismo, convirtiéndose entonces el escritor en lo que Areilza llamó “la voz de la contrarrevolución”. Ahora bien, que José María Pemán se viera envuelto en esta dinámica que sufrieron los movimientos conservadores en el período de entreguerras, no lo excusa de sus actos, y quizá del acto por el que debiera de ser más recordado, y del que no mostraría arrepentimiento en todos los días de su vida. Su papel como ideólogo y propagandista del movimiento nacido el 18 de Julio de 1936 como producto de un golpe de estado fallido y que desembocó en una guerra civil.

V

Se quejaba Antonio Burgos en un famoso artículo de prensa[10] de cómo mientras a Alberti se le homenajeaba y nadie recordaba su pasado estalinista –lo cuál hasta cierto punto puede ser cierto-, Pemán quedaba arrinconado por su labor como escritor y lo único que se recordaba de él era su filiación política durante la guerra civil, obviando su evolución liberal. Este discurso no exento de victimismo, plantea algunas de las cuestiones que hemos puesto sobre la mesa. No era Pemán un liberal y un demócrata convencido y si se le recuerda por su labor durante la guerra civil es algo merecido, ya que su labor en el bando sublevado no es alcanzada ni de lejos por Alberti u otros intelectuales que se mantuvieron contrarios a tal sublevación. Rafael Alberti no era más que una figura decorativa de a las que a la izquierda les gusta rodearse no pocas veces para dar una cierta legitimidad a sus reivindicaciones, Pemán era además de un propagandista un ideólogo que configuró algunos de los rasgos del Nuevo Estado que acabaría por imponerse definitivamente el 1 de Abril de 1939. La comparación entre uno y otro por tanto es huera.

Ya en los primeros años de la República, Pemán va a acuñar dos términos que a la larga tendrán gran éxito “cruzada” y “movimiento nacional”[11]. Esto que bien podría quedarse en mera anécdota, no lo es si tenemos en cuenta el papel tan importante que desarrolló el intelectual gaditano en el diseño de la educación del Nuevo Estado. Muchos son los que han querido hacernos ver que Pemán se limitó a una actitud de propaganda que alcanzó su culmen con el poema de la Bestia y el Ángel. Si nos limitáramos a esto, entonces la comparación entre Pemán y Alberti u otros si podría tener cierta verosimilitud y Pemán de esta forma quedaría igualado a personajes como Gerardo Diego, único poeta de la generación del 27 que apoyó a los militares sublevados. Sin embargo, el grado de implicación en la represión hacia los maestros del escritor gaditano es muy profundo[12], como lo demuestra el hecho de que pasara a presidir el 7 de Octubre de 1936 la comisión de Cultura y Enseñanza, encargada de la “reorganización de los centros de enseñanza y estudios [así como] de las modificaciones necesarias para adaptar éstos a las orientaciones del nuevo Estado".[13] Dicha comisión, hasta que fue sustituida por los departamentos ministeriales en Enero de 1938, se apresuró a regular las prácticas religiosas en todas las escuelas situadas dentro del territorio controlado por Burgos y lo que es más importante, de la depuración de los maestros.[14] Este afán depurador no debe extrañarnos, más cuando los militares se apoyaron en unos elementos civiles que defendían la necesidad de una contrarrevolución en España y en la que muchos veían en José María Pemán un portavoz. No es raro pues que “básicamente, las disposiciones que regularon el proceso depurador [de los maestros] durante la guerra se promulgaran entre noviembre del 36 y febrero del 37 [15], ya que siguiendo las ideas de los contrarrevolucionarios que se habían sublevado contra la II República se debía imponer un Nuevo Estado que paralizara por el terror al contrincante, mediante una represión irracional que borrara todo vestigio de etapas anteriores más liberales o revolucionarias. Los maestros, en tanto que transmisores de esa cultura nítidamente democrática y/o revolucionaria, se situaban por tanto en el punto de mira del nuevo régimen, más si cabe, cuando éste pretendía que la escuela fuera uno de sus pilares ideológicos.[16] Precisamente por la necesidad de justificar y legitimar al nuevo régimen, el primer libro de texto oficial y obligatorio fue el de historia, tarea ésta que inició José María Pemán. En 1938 y ya desprendido de su presidencia de la comisión de Cultura y Enseñanza, publicaba La historia de España contada con sencillez, para los niños…y para muchos que no lo son, texto que según Fontana era casi idéntico al que editaría el Instituto de España en Santander en 1939 bajo el título de Manual de historia de España y con el que se enseñaría a toda una generación educada durante la guerra y la posguerra. La verdad es que si nos atenemos a la concepción que Pemán tenía de la historia, esta es muy roma: idealista y providencialista. Idealista porque eran para él las ideas de los individuos geniales las que hacen mover la historia.[17] Providencialista, porque siguiendo una concepción que se iniciaba en los reaccionarios franceses del XIX (Barruel, de Bonald, de Maistre…) y que acababa en el ruso Berdiaev, veía la historia como una lucha entre el Bien y el Mal, entre los que quieren defender el orden –que son emisarios divinos- y los que pretenden subvertirlo, fuerzas enviadas por Satán. Pero esto no nos puede extrañar en un individuo que en 1937 en un arranque de irracionalismo y visceralidad había afirmado en un discurso ante Franco “El catecismo o el refranero, que hablan por afirmaciones, son más creíbles que los profesores de Filosofía, que hablan por argumentos[18].

VII

Los apologetas de la figura de Pemán, siempre han preferido centrarse en su etapa posterior a la guerra civil, dando una especial relevancia a su época de miembro del Consejo privado de Don Juan de Borbón y a su consiguiente aperturismo. No obstante, hay que señalar algo que hoy en los vientos juancarlistas que corren se omite. Don Juan no era un liberal convencido y si se adscribió a las tesis que propugnaban la reconciliación entre los españoles e incluso se aprestó a colaborar –de forma más velada de lo que la propaganda luego nos ha hecho creer- con la oposición antifranquista en Munich fue por oportunismo. Su famoso manifiesto de Lausana de 1945 era profundamente conservador y en él concebía la monarquía como garante del orden, manifestando su deseo de volver a España e ignorando a la II República.[19] No, la reconversión de Don Juan no fue sincera y se dio sólo por una apetencia de ocupar el poder que ocupaba Franco, ya que si lo hubiera sido nunca hubiera vivido en Estoril, bajo el régimen corporativista que subyugó a Portugal durante más de cuarenta años (1928-1974), mirando a otro lado rodeado de toda una pléyade de nobles sin reino y dictadores exiliados, mientras el salazarismo reprimía cualquier conato de lucha de clases, como la que sacudió al Alentejo luso durante los años cincuenta.

En este contexto ¿De verás podemos hablar con propiedad de un Pemán liberal? Cierto es que muy pronto, el escritor gaditano se sintió decepcionado al comprobar que Franco no iba a permitir la vuelta de un rey, pero cierto es también que nunca fue un antifranquista.[20] De hecho, una cualidad de José María Pemán que hay que reconocerle como su falta de ambición, fue usada por Franco para utilizarlo de intermediario entre él y Don Juan. En definitiva, la “oposición” monárquica al franquismo fue una oposición tolerada por el propio régimen, que nunca vio en ella unas claras intenciones de derribarlo, ya que la inmensa mayoría de estos monárquicos –incluidos algunos en un confortable exilio, caso de Gil Robles- se sentían cómodos dentro de la dictadura, a pesar de ciertas discrepancias.

A diferencia de un sector intransigente que la historiografía ha dado en denominar como “búnker”, la mayoría de tendencias falangistas, muchos otros entre ellos Pemán, como ya señalamos al principio de este artículo, se dieron cuenta de que tarde o temprano había que cambiar para que todo cambiara lo menos posible. La burguesía comprendió que era necesario un cambio político debido a las presiones de una clase obrera y al interés de esta burguesía por integrarse en la CEE, con la que la importante inversión extranjera se vería aumentada. Aunque se daba un proletariado interesado en cambiar las relaciones de producción, no es menos cierto que éste ya no tenía la independencia que pudo tener en los años treinta con el anarcosindicalismo, puesto que se miraba en demasía en unos líderes que “se habían vendido a los designios del capitalismo internacional, acuñando palabras como socialdemocracia o eurocomunismo[21]. Si a esto sumamos el nacimiento de una clase media preocupada únicamente por su bienestar personal, debido al “boom” económico de los sesenta que sufrió el mundo occidental en general y España en particular por efecto de arrastre, llegamos a la conclusión de que la paz social en cierto modo estaba asegurada. Ya no había peligro en traer la democracia, en defender las libertades individuales, en el juego de partidos y parlamentos, ya estaba todo “atado y bien atado”. La derecha podía permitirse adscribirse de nuevo a los principios del sistema liberal. En este sentido, sí podemos decir que José María Pemán tuvo la clarividencia suficiente, y por ello a partir de los años sesenta admitió como correligionarios a algunos demócratas, aunque como ya hemos remarcado en repetidas ocasiones jamás renegó de la dictadura franquista.

Igual que en los años treinta había dado los nombres de “cruzada” y de “movimiento nacional”, en los años finales del franquismo anticipó lo que habría de venir, un cambio hacia la democracia hecho desde el propio régimen.[22] Como creador de opinión entre los círculos conservadores del país, contribuyó a que gran parte de la burguesía española dejara de temer una democracia, al darse cuenta ésta de que nada tendría que temer si seguía siendo ella- la burguesía terrateniente-financiera, convertida en financiero-especulativa- el “bloque de poder”, si como un traje, la democracia que había de venir se hacía a su medida. Esta democracia se asentaría sobre la amnesia y la impunidad de toda la represión ejercida por el franquismo sobre los vencidos en la guerra civil, amnesia e impunidad a la que por supuesto José María Pemán se sumó en los años sesenta cuando el régimen de Franco inició cierto aperturismo y el único escollo para llegar a implantar un sistema democrático era un oxidado dictador y un búnker más perro ladrador que mordedor. Así, Pemán pasó del discurso de gesta heroica –“esa contienda magnífica que desangra a España” según sus palabras- al discurso de todos fuimos culpables, al de repartir fifty-fifty responsabilidades[23], obviando que no se podían comparar los excesos hechos en uno y otro bando[24] e intentando minimizar con ello su directa implicación en las actividades depurativas, tarea a la que consagró algunos de sus libros, caso de Mis encuentros con Franco o Comentario a mil imágenes de la guerra civil española. En el primer libro, el escritor gaditano pretendía haber recriminado a Franco en los años cuarenta el haber ejecutado a personajes como Zugazagoitia, Muñoz Martínez o Companys, en el segundo, intentaba hacer creer que sólo había militado en la Unión Patriótica primorriverista. En definitiva, con ello, con el discurso de la “locura trágica”, del “todos fuimos culpables”, Pemán quería entre otras cosas hacer olvidar la realidad de unos hechos que directamente lo acusaban con el dedo. Por otro lado, es de mencionar que nunca se arrepintió de su filiación política durante la guerra y de un modo u otro siguió siempre defendiendo la sublevación. Unas veces más claramente –“La República no había sido democrática ni liberal y no había tolerado a la derecha católica que lealmente quiso colaborar con ella[25] (!)- otras veces de una manera más velada –“Hay que recordar que hubo una guerra, pero hay que recordar sobre todo que se hizo la paz[26]-.

Con todo esto lo que queremos decir es que Pemán para nada renunció a sus principios, ni cambió de camisa. La defensa del orden, de la monarquía y del catolicismo siempre fueron su faro y guía, simplemente tuvo la agudeza suficiente para ir amoldándolos a los nuevos tiempos. Unos nuevos tiempos en los que Europa había vencido al fascismo, se había consolidado la democracia parlamentaria y la revolución había dejado de ser un problema, gracias a la socialdemocracia y al afianzamiento de potentes clases medias. Simplemente, José María Pemán desde su conservadurismo supo ver esto y contribuyó a hacer ver al “bloque de poder” en España que no había nada de lo que asustarse. El discurso de “locura trágica” y cuarenta años de franquismo y desmemoria hicieron el resto. Una desmemoria que nos ha hecho ver a Pemán como un propagandista e incluso como un liberal, como la cara amable de un régimen que en el fondo no fue tan perverso. Una desmemoria que echa tierra por encima sobre una de sus principales características y sin la que la figura del intelectual gaditano no se entiende: su papel de ideólogo. Sí, cierto, unas veces de Unión Patriótica o de la ACNP, otras de la sublevación del 18 de Julio –en donde desempeñó una labor represiva muy importante-, algunas más del monarquismo juanista, incluso en el proceso de transición se podría afirmar que José María Pemán iluminó algunos caminos, pero básicamente todo estos papeles de teórico se pueden concentrar en uno: su mente al servicio del “bloque de poder”, al servicio del orden.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bibliografía:

 

 

 

Libros:

 

AAVV “Revolución burguesa, oligarquía y constitucionalismo (1834-1923) Tomo VIII Historia de España dirigida por Manuel Tuñón de Lara. Ed. Labor, Barcelona 1990

 

AAVV “Enseñar historia con una guerra civil de por medio” (con prólogo de Josep Fontana) Editorial Crítica, Barcelona 1999

Álvarez Chillida, Gonzalo “José María Pemán. Pensamiento y trayectoria de un monárquico (1897-1941)” Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, Cádiz 1996

 

Fontana, Josep (ed.) “España bajo el franquismo” Editorial Crítica, Barcelona 2000

 

Hobsbawm, Eric “Historia del siglo XX” Editorial Crítica, Barcelona 2005

 

Tusell, Javier, Álvarez Chillida, Gonzalo. “Pemán. Un trayecto intelectual desde la extrema derecha hasta la democracia” Editorial Planeta, Barcelona 1998

 

Páginas web:

www.mec.es/cide/

www.antonioburgos.com

Artículos:

Oñate Méndez, Alfonso “Las bases del discurso histórico del Partido Popular” Ubi Sunt Nº14

Río, José Ramón del “José María Pemán” 28/7/2005, Diario de Cádiz



[1] Esto en absoluto es nuevo y si no véase Tusell, Javier y Álvarez Chillida, Gonzalo con el ilustrador título “Pemán. Un trayecto intelectual desde la extrema derecha hasta la democracia” Editorial Planeta, Barcelona 1998. Para ver comentarios más recientes intentando remarcar este aspecto véase del Río, José Ramón “José María Pemán” 28/7/2005, Diario de Cádiz “No quiero en estas líneas ni siquiera intentar demostrar que Pemán era un liberal, de ideas profundamente democráticas, sin apego a la dictadura. Esto queda para el redescubrimiento de su figura que propongo con este artículo.”

[2] Tuñón de Lara, Manuel “Estudios sobre el siglo XIX español”, citado por Jover Zamora, José María AAVV “Revolución burguesa, oligarquía y constitucionalismo (1834-1923) Tomo VIII Historia de España dirigida por Manuel Tuñón de Lara. Ed. Labor, Barcelona 1990, p. 295

[3] Op.cit.p. 296

[4] Los liberales exaltados, herederos ideológicos de los movimientos que se desataron en el año II de la Revolución Francesa, en España habían quedado muy mermados tras el Sexenio (1868-1874) y muchos acabarían desembocando producto de una evolución natural en el anarquismo. Sería esa pequeña fracción de burguesía avanzada y progresista, con preocupaciones sociales, la que nuevamente volvería a retornar al poder con el advenimiento de la II República.

[5] Tusell, Javier, Álvarez Chillida, Gonzalo. “Pemán. Un trayecto intelectual desde la extrema derecha hasta la democracia” Editorial Planeta, Barcelona 1998 p.18

[6] Es decir lo que anteriormente se denominó la unión del trono y del altar.

[7] Álvarez Chillida, Gonzalo “José María Pemán. Pensamiento y trayectoria de un monárquico (1897-1941)” Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, Cádiz 1996 p.69

[8]…durante el período de entreguerras, la alianza natural de la derecha abarcaba desde los conservadores tradicionales hasta el sector más extremo de la patología fascista, pasando por los reaccionarios de viejo cuño. Las fuerzas tradicionales del conservadurismo eran fuertes pero poco activas. El fascismo les dio una dinámica y, lo que tal vez es más importante, el ejemplo de su triunfo sobre las fuerzas del desorden…lo hicieron aparecer como el movimiento del futuro.” Hobsbawm, Eric “Historia del siglo XX” Editorial Crítica, Barcelona 2005 p.130

[9]El nexo de unión entre la Iglesia, los reaccionarios de viejo cuño y los fascistas era el odio común a la Ilustración del siglo XVIII, a la revolución francesa y a cuanto creían fruto de esta última: la democracia, el liberalismo y, especialmente, el <>” Op.cit.p.125

[10] San Alberti y el demonio Pemán “www.antonioburgos.com”

[11] Citado en Álvarez Chillida p.55 y p.69 Con respecto al término cruzada, éste lo acuñó en un mitin en el teatro cómico de Cádiz, en la presentación de Acción Ciudadana, ligada a la católica Acción Nacional el 2 de Enero de 1932, en la que presentaba su intención de convertirse en ideólogo de la nueva organización, aunque sin afán de puestos directivos. Ibíd.p.55

[12] Grado de implicación que no debe extrañarnos en una persona que presidía en los años de la República la revista Ellas algunos de cuyos titulares comentaban: “Lista negra de los diputados que votaron la ley contra las Congregaciones Religiosas. ¡Estos son! ¡No los olvidéis!”Op.cit.p.64

[13] www.mec.es/cide/

[14] No nos vamos a andar con eufemismos. Depuración quiere decir: represión, cárcel, exilio, muerte… En 1937 José Pemartín, primo de José María Pemán y jefe del servicio de enseñanza superior y media decía que “tal vez un 75% del personal oficial enseñante ha traicionado a la causa nacional. Una depuración inevitable va a disminuir considerablemente, sin duda, la cantidad de personas de la enseñanza oficial” AAVV “Enseñar historia con una guerra civil de por medio” (con prólogo de Josep Fontana) Editorial Crítica, Barcelona 1999 p.16. González Chillida intenta minimizar la labor represiva de Pemán extendiéndola sólo a la depuración ideológica y achacando las físicas a Enrique Suñer, argumentando que el gaditano continuamente estaba ausente, inmiscuido en su labor de propagandista. Al que escribe esto le parece un argumento vacuo, de un modo u otro Pemán es responsable, ya sea por acción, ya sea por omisión. A pesar de todo el propio González Chillida se contradice unas páginas más adelante al insertar un pie de página con una circular a los vocales de las Comisiones depuradoras de Instrucción Pública hecha bajo la directa responsabilidad del gaditano (BOE, 10/12/1936) “El carácter de la depuración que hoy se persigue no es sólo punitivo, sino también preventivo…; no se volverá a tolerar, ni menos a proteger y subvencionar, a los envenenadores del alma popular, primeros y mayores responsables de todos los crímenes y destrucciones que sobrecogen al mundo…”Citado en Álvarez Chillida pp.82-102 y p.155

[15] Alted, Alicia “Notas para la configuración y el análisis de la política cultural del franquismo en sus comienzos: La labor del ministerio de Educación Nacional durante la guerra” en “España bajo el franquismo” Fontana, Josep (Ed.), Editorial Crítica, Barcelona 2000. p. 221

[16] “La enseñanza había de ser una mezcla de patrioterismo y religión, destinada a implantar convicciones, para lo cuál convenía que usara elementos que sirviesen para crear emociones más que para suscitar la reflexión” Citado en Fontana, Josep “Escribir historia con una guerra civil de por medio” p.17

[17] “La Historia es como un cuento maravilloso; pero un cuento en que todo es verdad, en que son ciertos los hechos grandiosos, heroicos y emocionantes que refiere… Por la Historia se sabe lo que ha ocurrido en cada país y cómo fueron sus Reyes, sus gobernantes y sus personajes más ilustres…nos habla de todos aquellos que hicieron en su vida algo noble e importante. La Historia hace relación de las guerras, de las hazañas extraordinarias, de las aventuras fantásticas, de los viajes y de las exploraciones arriesgadas…” Manual de historia de España. Primer grado. Op.cit. p.91

[18] Op. cit. p.17

[19] “Sólo la Monarquía tradicional puede ser instrumento de paz y concordia para reconciliar a los españoles; sólo ella puede obtener respeto en el exterior, mediante un efectivo estado de derecho, y realizar una armoniosa síntesis de orden y de la libertad en que se basa la concepción cristiana del Estado…Por estas razones, me revuelvo, para descargar mi conciencia del agobio cada día más apremiante de la responsabilidad que me incumbe, a levantar mi voz y requerir solemnemente al general Franco para que, reconociendo el fracaso de su concepción totalitaria del Estado, abandone el poder y dé paso a la restauración del Régimen tradicional de España, único capaz de garantizar la Religión, el Orden y la Libertad”

[20] “Y es precisamente esa sencillez y evidencia la que hace que me coja siempre de sorpresa la interpretación de rebeldía o desacato que se da a un acto de lealtad monárquica… ¿Por qué esta preocupación tan austeramente doctrinal y tan entrañablemente española va ser ¡Dios mío! Incompatible con la admiración y el cariño por el general que ganó la guerra y al que España tanto debe? Créame que son muchos los españoles que quieren albergar en sus tranquilas conciencias, sin hacer de ello un conflicto ni un problema, la lealtad al rey y la devoción a Franco.”Citado en Tusell, y González Chillida p.86

[21] Oñate Méndez, Alfonso “Las bases del discurso histórico del Partido Popular” Ubi Sunt Nº14

[22] No hay que olvidar que la Ley para la Reforma Política fue aprobada por las Cortes franquistas en 1976 y que el rey Juan Carlos I fue nombrado por Franco como heredero en 1969 en virtud de la Ley de Sucesión de 1947, o que de los siete ponentes de la Constitución de 1978, cuatro tienen directa relación con el régimen anterior.

[23] “Hay que recordar lo malo que hicieron unos y lo malo que hicieron otros, para deducir que conviene olvidar mucho de todo eso…” Citado en Tusell, y Álvarez Chillida, p.208

[24] “En el bando republicano, los máximos dirigentes políticos condenaron públicamente los excesos y se esforzaron por limitarlos…y se esforzó por mantener un mínimo de garantías legales. Nada semejante…se puede encontrar en el otro bando, donde el exceso y la violencia fueron alentados y legalizados por los propios dirigentes…la represión cumplía en el bando franquista una función política fundamental…la de paralizar al enemigo por el terror” Citado en Fontana, Josep (ed) p.18

[25] Citado en Tusell, Javier y Álvarez Chillida p.207

[26] Citado en Tusell, Javier y Álvarez Chillida p.208 Ya sabemos que entiende Pemán por paz, una paz llena de silencios forzados, de caminos de exilio, de muerte…Y es que como decía Fernando Fernán-Gómez en su libro Las bicicletas son para el verano, no había llegado la paz, había llegado la victoria

Las bases del discurso histórico del PP

ALFONSO OÑATE MÉNDEZ Licenciado en Historia Universidad de Cádiz Artículo publicado en la Revista de Historia UBI SUNT?, nº14. Año VI, Noviembre 2003. Páginas 17-21. Las Bases del Discurso Histórico del PP El por qué de este artículo tiene su origen en la lectura y reseña de un artículo realizado por Pedro González Cuevas1, en el que si bien acertaba en definir cuáles eran los ejes centrales del discurso histórico utilizado por el Partido Popular, no profundizaba en ellos lo suficiente como para desmitificarlos y poner en evidencia la vacuidad de éstos. Esta es la tarea que me dispongo a emprender, pero dicha tarea tiene un objeto añadido que consiste en el por qué el Partido Popular se agarra a ellos y no a otros. La respuesta a mi juicio queda clara: el fantasma del franquismo es demasiado evidente, y aunque lo intente disimular de mil y una maneras el PP sigue portando en esencia el estandarte de los vencedores de la guerra civil. Desenmascarar a raíz de su discurso histórico el integrismo del partido que gobierna hoy en España –cosa que tal vez Gónzalez Cuevas no pudiera hacer, en parte debido a que cuando escribió su artículo todavía el PSOE estaba en el poder- se me antoja tarea harto sugerente. Sostiene Kaye que las clases dominantes temen la historia porque ésta relata la lucha del ser humano en pos de la libertad y la justicia. Sin embargo como bien argumenta Fontana las clases dominantes no temen la historia –en todo caso temerán a los historiadores críticos- sino que muy lejos de eso la usan para legitimar su poder. Esto que ya lo hiciera desde Alfonso X hasta Napoleón y que en absoluto es nada nuevo, es lo que ha hecho el partido que gobierna en la actualidad en el Estado Español, el Partido Popular, dirigido por José María Aznar. Antes que nada hemos de preguntarnos ¿Cuáles son los orígenes de este partido y quiénes lo forman? El Partido Popular es heredero de dos partidos de la llamada transición española que estaban mantenidos gracias a la gran oligarquía española como eran Alianza Popular (AP) dirigido por Fraga y la Unión de Centro Democrático (UCD) dirigida por Adolfo Suárez2, personajes éstos que provienen directamente del franquismo. Por otra parte el PP es el partido de los nietos de Franco –basta con mirar los apellidos de algunos de sus dirigentes-, es decir es el partido de la derecha, de la vieja oligarquía terrateniente-financiera transformada hoy en financiero-especulativa, o mejor definido de los más fieros amantes del orden establecido, orden que en cuanto se agota hay que renovar formalmente, 1 González Cuevas, Pedro Carlos “El retorno de la “tradición” liberal-conservadora (El “discurso” histórico-político de la nueva derecha española) Ayer N°22 1996. 2 El hecho de que el PP sea hijo de dos padres hace que haya disensiones en su seno, pues mientras que los que provienen de AP pertenecen a un sector más duro, los de UCD son de un sector más moderado. El Partido Popular no es en absoluto el partido sólido que nos quieren hacer ver los medios de comunicación.
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para que las cosas cambien pero sigan siendo iguales. El boom económico de los sesenta es determinante en este contexto pues permite una subida al poder de la tecnocracia, aparte de un Concilio Vaticano II que consigue crear una crisis de identidad en algunos sectores del conservadurismo español. El franquismo y las dictaduras meridionales del sur de Europa se agotaban, había que renovarse o morir. Había que dejar de alabar al Cid, a esa España una, grande y libre, para cambiarlo por una alabanza a la monarquía, a Canovas y a la España de las autonomías. En definitiva, el sistema liberal sustituía al fascismo, pero ¿Era esto renunciar a los principios? Górtazar afirma que la tradición liberal del XIX que es aquella que prioriza libertad antes que igualdad (la afirmación no puede ser más tendenciosa) y de la que como veremos se dice heredera el PP, no tiene nada que ver con esa derecha autoritaria y fascista3. Sin embargo este historiador y diputado de la derecha, no nos habla en ningún momento de dónde surge el fascismo y obvia que esa “tradición liberal” estaba sustentada por una burguesía que cuando alcanza sus objetivos se torna conservadora y reaccionaria, pues teme que las masas populares ante las desigualdades sociales le arrebaten los derechos que ha conquistado. Es por eso que me inclino más hacia las teorías de Kuhn para el cuál fascismo y sistema liberal eran caras de la misma moneda, dos formas de dominio burgués. Surgiendo el fascismo en momentos de clara conflictividad social. Con todo esto pues, lo que pretendo decir, es que el cambio es meramente formal, pero de contenido es el mismo. Los amantes del orden establecido (dependiendo de factores socioeconómicos fundamentalmente) un día son Cánovas, otro Franco y otro Aznar y hoy son amigos del neoliberalismo cuando ayer lo fueron de la autarquía y el proteccionismo. Sin embargo con todo esto, la esencia no cambia: el autoritarismo, la explotación del hombre por el hombre y la defensa a ultranza de la propiedad privada se mantienen intactos, el modo de producción y las relaciones de producción son las mismas. Si antes la oligarquía española se aferraba a la Biblia y al catecismo hoy se abraza a la Constitución del 78 que se usa para lo que conviene y se niega cuando es un estorbo.4 Esta Constitución sugiere el modelo autonómico que hoy tiene el Estado bajo el que vivimos, sin embargo esto no entra en contradicción con la esencia del poder de esta clase dominante. La España de las autonomías, la del “café para todos”, es en parte la España del triunfo de los regionalismos burgueses “¿Tenemos ante nosotros el problema pavoroso del nacionalismo vasco y el gravísimo, pero distinto, del nacionalismo catalán? Pues vamos a disolverlos en un programa de autonomías generales para la Mancha, Extremadura, Aragón, Cantabria, etc. ¡Singular modo de atajar un <>! Lo que se desea ya sé lo qué es. Disolver, diluir el asunto en formalismos y 3 Górtazar, Guillermo “Liberalismo y autoritarismo”. Cuadernos Hispanoamericanos. Diciembre 2000 4 Clarificadoras son las palabras del ex portavoz del gobierno Pío Cabanillas sobre la liberalización de los horarios comerciales“se ha de pensar más en la economía española que no en la constitucionalidad de cada una de las normas que pueda aprobar el Gobierno” citado por Castells Durán, Antoni “La vía española al totalitarismo”Polémica Marzo 2001 2
preliminares”5 Contándonos todos las excelencias de la tierra (Chaves, Ibarra, Zaplana y un largo etc), lo cuál nos permite ver entre otras cosas al ínclito Fraga dar muestras de galleguismo, pero oponiendo frente al “exabrupto” que supone el concepto de autodeterminación, el de autoidentificación. Sin embargo que la España de las autonomías –que por otro lado declara la indisolubilidad de la patria- sea un hecho del que tanto anteriores gobiernos como el actual estén muy orgullosos, no excluye que haya y haya habido luchas entre el centro y la periferia, no por un cuestionamiento del modelo organizativo del Estado por parte del gobierno central, sino como una lucha frente a los nacionalismos periféricos sobre todo en el País Vasco y Cataluña6, no queriendo caer en la cuenta los distintos gobiernos del Estado que lo que subyace es una lucha entre un nacionalismo español y un nacionalismo vasco, catalán, etc... todos igual de rancios. Pues tan rancio resulta el alcalde de Hondarribia cuando en este otoño pasado descubrió una placa en la que rezaba “Sancho III primer rey del Estado vasco”, como cuando Aznar dice que “durante 500 años la Monarquía española ha sido el vínculo y el vértice de ese edificio nacional”. Es esta última afirmación la que nos interesa para el caso que nos ocupa hoy, ya que entra en contacto muy estrecho con la historiografía nacionalista española –a la que el PP aplaude- y que poco se estudia y aun menos se critica, tapados como estamos por la cortina de humo de otros nacionalismos periféricos7. Esta historiografía nacionalista a lo largo de los tiempos sólo cambia formalmente como bien demuestra Sisinio Pérez-Garzón8 al hacer un análisis comparativo de las obras “Historia de España” de Modesto Lafuente que data de 1837 y “España: tres mil años de historia”, testamento histórico sin duda de Domínguez Ortiz y publicado en el año 2000, ya que ambos nos presentan una nación eterna como aquella de la que hablara José Antonio Primo de Rivera9. Nación que es definida entre otras cosas por el cristianismo –o así al menos piensan Lafuente y Domínguez Ortiz-. El primero lo hace desde una perspectiva providencialista sin parar de insistir en la sinonimia nacionalidad española-fe cristiana, mientras que el segundo como una parte de la romanización, que es la base de la unidad nacional, tomando la Iglesia cristiana el relevo y demostrando esta tesis con los visigodos pues no supieron culminar el proceso de construcción del Estado hasta el III Concilio de Toledo (589) cuando el rey Recaredo abrazó el catolicismo. 5 Caro Baroja, Julio “La identidad vasca” Historia 16 Noviembre 1998 6 Lucha agravada con la chapuza que como bien expresa Caro Baroja supone la España de las autonomías. 7 Veáse el informe de la Real Academia de la Historia, al que historiadores como Julián Casanova tachó directamente de franquista. 8 Sisinio Pérez-Garzón, Juan “Los mitos fundacionales y el tiempo de la unidad imaginada del nacionalismo español” Revista Historia Social Nº40 9 Con esto no quiero poner al insigne Domínguez Ortiz a la misma altura que al fundador de Falange. Simplemente quiero hacer ver como tanto uno como otro de una u otra forma, desde una posición liberal el primero y una posición fascista el segundo llegan a una misma conclusión: el de una España que siempre ha existido.
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Sí, el PP aplaude estas tesis y es por ello que discrepo con Gónzalez-Cuevas cuando afirma que Aznar tiene una visión desacralizada de España10, bástenos observar el ascenso nuevamente del Opus Dei al poder político11 o el interés de fomentar frente a la escuela pública una escuela privada controlada mayoritariamente por la Iglesia Católica. En definitiva, las cosas cambiaron formalmente con el franquismo. Así, el PSOE12 nos inculcó valores nacionalistas mediante conmemoraciones –exposición del Quinto Centenario, bicentenario del despotismo ilustrado”-, pero el PP ha querido volver a inculcarnos el patriotismo español más rancio, “el gobierno ha movido toda la artillería de la Academia de la Historia para dar apoyo a sus reivindicaciones de una interpretación nacionalista ultra, amenazando con establecer una censura de los libros de texto autonómicos”13. En este sentido son reveladoras las palabras del entonces ministro de Interior el 14 de Mayo de 1999 publicadas en La Vanguardia, Mayor Oreja, cuando hacía un llamamiento a la Guardia Civil para que contribuyese a la historia de España para que no la volvieran a deformar los que no creían en ella. Todo esto nos muestra que concepción tienen las clases dominantes de la historia (sólo la usan para su convenio y para legitimarse), y eso es lo que ha hecho al centrar su discurso histórico actual en tres puntos que si se analizan con un mínimo rigor caen por su propio peso –lo que como ya señalamos antes demuestra su vacuidad-: La Restauración, los Azaña y los noventayochistas y la Monarquía. ¿Pero por qué el uso de estas bases en su discurso histórico y no otras? ¿Encierra esto algún objeto? Contestemos a la primera pregunta: la Restauración se usa como referente histórico a seguir, a la generación esa que gravita en torno al 98 para defender un nacionalismo secular y liberal y a la Monarquía, para hacer de eslabón perdido en un oasis de cuarenta años con Don Juan y para legitimar nuestra democracia con Juan Carlos I y la transición. Es evidente que esta respuesta encierra la respuesta a la segunda pregunta ¿Encierra esto algún objeto?: hacer olvidar el franquismo. No hay que verse reflejado en él, no hay que usar su nacionalismo católico y evidentemente hay que borrar todo rasgo de continuidad entre este régimen y la democracia nuestra. Pero vamos a ir analizando cada pilar paso a paso. 10 Hay que recordar que España no es un país ni desacralizado, ni laico: “Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones” Constitución Española, Art.16.3 11 Cristóbal Montoro (Ministro de Hacienda), Federico Trillo (Ministro de Defensa) o Ana de Palacio (ministra de Asuntos Exteriores) sólo son muestra de algunos ejemplos. 12 El PSOE también es amante del neoliberalismo –por mucho que se quiera subir al carro de la antiglobalización-, pero su diferencia con respecto al PP es que mientra el partido de Aznar ha optado por la versión más salvaje que es la del modelo anglosajón, el PSOE centra sus miradas en el modelo europeo de Alemania y Francia, más preocupado en paliar las peores consecuencias socioeconómicas del neoliberalismo. 13 Fontana, Josep “La historia de los hombres” Editorial Crítica Barcelona 2001
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La Restauración En 1980, el entonces líder de Alianza Popular, Manuel Fraga Iribarne, fundó la Fundación Cánovas del Castillo. Eran momentos en los que AP que tras su refundación en 1990 pasó a ser el actual PP, era mal vista en amplios sectores de la sociedad española por su conexión evidente con el franquismo. En este sentido, la Fundación Cánovas del Castillo permitió enmascarar en cierta medida esta conexión, este referente histórico demasiado hiriente y reciente en la memoria de los españoles y sustituirlo por otro que si bien también fue hiriente, era lejano y estaba olvidado en el imaginario colectivo del país: la Restauración. Si el PP se identifica con la Restauración (1875-1923) y con su ideólogo Antonio Cánovas del Castillo14 lo hace porque la considera una etapa de paz que con un carácter liberal dio los primeros pasos para modernizar a España, darle un carácter civilista y aislarla del poder militar y de los pronunciamientos que habían imperado a lo largo de todo el siglo XIX. Sin embargo, el optar por esta referencia, no deja de resultar paradigmático y revelador del autoritarismo del que el Partido Popular hace gala. Ya hemos señalado antes como las clases dominantes usan la historia para legitimarse dándonos una información sesgada en aras de una supuesta “objetividad”, que hace que se obvien cosas y convierten a muchos historiadores en meros voceros del poder, voceros que a menudo rayan en lo insultante. ¿Por qué? Porque alabar a la Restauración y a su ideólogo Cánovas del Castillo (1828-1897) es alabar a un sistema que era un abuso en sí mismo. Es cierto, que Cánovas era un hombre de estado, con un pragmatismo asombroso y un hombre inteligente y hábil, que supo tener la clarividencia de no caer en la Constitución moderada de 1846, elaborando por el contrario una nueva Constitución (1876) y de atraerse a todos los sectores de la alta y media burguesía –y aún a ciertas capas de la pequeño-burguesía republicana de Castelar- hacia el régimen que había ideado, pero de ahí a ensalzar su figura de persona tolerante y carácter liberal como hace García Escudero hay un abismo. Bástenos las siguientes palabras:“Siempre habrá miseria, siempre; siempre habrá un Estado; siempre habrá una última grada en la escala social, un proletariado que será preciso contener por dos medios: con el de la caridad, la ilustración, los recursos morales y, cuando este no baste, con el de la fuerza”15 Es decir zanahoria y palo, y desde luego nada de tolerancia, sino más bien temor y terror a la revolución, y es por eso por lo que sustentó este régimen en tres poderes: el rey, la religión y el ejército. El primer poder queda recogido en la Constitución, la soberanía recae en “las Cortes con el rey”, el segundo poder es fáctico y es la Iglesia y la religión: “Suponed que llega un día en que se esparce y se generaliza por los pueblos esa teoría de que todo cuanto hay que hacer en el mundo es gozar la vida; que todas 14 www.fcc.es “El nombre de nuestra institución rinde homenaje a la figura de Antonio Cánovas del Castillo, insigne político liberal fundador del Partido Liberal-Conservador que a finales del siglo XIX mantuvo principios similares a los que defiende el actual Partido Popular” 15 Cánovas del Castillo, Antonio “Discursos Parlamentarios” Centro de Estudios Constitucionales. Madrid 1987, pp.189. Citado por Ramón del Río Aldaz
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las aspiraciones del hombre están encerradas dentro de la tierra (...), que detrás de esta vida no hay otra, que no hay justicia suprema (...). Poned luego a ese hombre enfrente de las dolorosas pero inevitables penalidades de la vida (...), de la injusticia, de la mala fortuna, de las miserias, de las enfermedades; ponedle enfrente de su limitada y transitoria naturaleza, y ese hombre será indisciplinable, y llevará su ateísmo (...) a la familia, a la patria, y... acabará por afiliarse a la Internacional”16. El tercer poder es también fáctico y es el ejército. Más arriba hemos apuntado como muchos han defendido y defienden el carácter civilista del régimen de la Restauración, pero que los gobernantes no fueran de verde, no significa que el ejército tuviera una vital importancia, no sólo para luchar contra carlistas o independentistas cubanos, sino también para luchar contra el movimiento obrero que se movía en España. Así, vemos la visión de Cánovas con respecto al ejército: “por largo plazo, quizá por siempre, robusto sostén del orden social, e invencible dique a las tentaciones del proletariado”17. Ante estas palabras citadas por el estadista español, muchos no dejarán de esbozar una sonrisa y nos dirán que hay que ponerse en la situación de la época, ignorando que ya existía en el siglo XIX amplios sectores de la población que chocaban frontalmente con estas ideas, no sólo dentro ya de lo que es el movimiento obrero, sino también dentro del liberalismo. En definitiva, Cánovas no es desde luego un Thomas Jefferson18ni mucho menos un Pi i Margall19. Pero si algo caracteriza a la España contemporánea es su poca profundización liberal y su continuo temor a lo nuevo. Considero pues, que el sistema canovista se caracterizaba por ser un sistema fraudulento que temía con pavor los vientos nuevos que pudiera traer una revolución ya fuera de carácter liberal-republicano o peor aún proletaria. Esto lo podemos ver en dos rasgos básicos de la Restauración: el caciquismo20 y la represión constante del movimiento obrero. En 1883, tiene lugar el complot de la Mano Negra, argucia del Gobierno para criminalizar el anarquismo.21 Supuestamente este era un grupo –que curiosamente nunca asesinaba a patronos-, que se dedicaba a matar a traidores a la causa anarquista en los campos de Cádiz. Con relación a varias muertes que se 16 Ibíd. pp.45 17 Velasco Murviedro. “Cánovas del Castillo y la articulación del Estado Nacional” Cuadernos Económicos de Información Comercial, nº6 1978 18 Un Jefferson que poco antes de su muerte 1826 distinguía entre aristócratas y demócratas. Los primeros temen y desconfían en el pueblo, los segundos –con los que se identificaba- tienen confianza en él y creen en él pues lo consideran honesto e íntegro. 19 Partidario de un federalismo muy inspirado en las teorías del anarquista Proudhon. 20 Por cierto la visión de los dulcificadores de la Restauración como Górtazar o Dardé sobre este tema atribuyéndolo prácticamente a la falta de opinión pública no es ya un argumento insultante sino pueril 21 Sobre la Mano Negra, los historiadores no se ponen de acuerdo sobre si existió de veras argumentando muchos que era un grupo clandestino ajeno a la Federación Anarquista. Sin embargo como bien observa Jacques Maurice existe suficiente prensa tanto obrera como oficial, que permite extraer una conclusión sobre el tema: fue un complot organizado por el gobierno.
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suceden en los términos de Arcos y Jerez, es apresado cierto bracero que habla de una organización, La Mano Negra, a la que inculpa de las muertes, tras esto la Guardia Civil encuentra debajo de una piedra (¡) una lista de adscritos a la organización. En total son diecisete los acusados. No obstante este bracero declarará posteriormente ante el juez que ha sido sometido a vejaciones y a torturas por parte de la Benemérita. La represión por parte del Estado es brutal, es la excusa perfecta. En cuanto a los acusados de pertenecer a la organización, caerá sobre ellos el peso de la ley en el Proceso de la Parrilla, fustigados por el fiscal Doménech, que respondía a las intimidaciones que el cacique de la zona Francisco Candau dirigía al ministro de interior Pío Gullón. Esto nos sirve para entroncar con el tema del caciquismo y a su vez con el del encasillado. Las elecciones que son las que cumplen la función legitimadora dentro del sistema liberal estaban organizadas de arriba abajo. De esta forma el rey encargaba gobierno a un Partido bien el liberal dirigido por Sagasta, bien el conservador dirigido por Cánovas, el cuál se comprometía a ganar las elecciones y a decidir con el otro partido la configuración de las Cortes, mediante el proceso de encasillado, es decir qué diputados iban por cada provincia a ser elegidos. ¿Cómo se aseguraba esta elección? Por medio de los caciques, que actuaban como intermediarios entre el poder central y el pueblo, y que eran personas que desde sus respectivas regiones tenían un gran poder económico y social, lo que les permitía controlar al populacho, bien mediante el favor –si eran sumisos-, bien mediante la represión –si eran rebeldes-.22 En definitiva alabar la Restauración y a su ideólogo Cánovas, significa alabar un sistema que era un fraude y alabar una continua represión hacía un movimiento obrero23, totalmente legitimado ante la paupérrima condición en la que se encontraba tanto el proletariado urbano, como el rural. El paro (sobre todo el estacional en Andalucía), el accidente de trabajo o la enfermedad eran nota común. En palabras de Jover Zamora “El obrero se siente inseguro dentro de un orden social que es en relación a él, inexorable (...); inseguridad del obrero en el seno de un orden jurídico que siempre ve invocado contra él: por el patrono, por el casero, por el prestamista, por la guardia civil”24. Evidentemente defender la Restauración supone también defender a un rey tan mediocre como Alfonso XIII (1902-1931)–poco inteligente y nulo para la capacidad política- que por supuesto dio carta blanca a todo lo anteriormente expuesto (igual que su padre Alfonso XII), que en absoluto tenía sensibilidad 22 Para ver una exposición clara y sucinta del tema del encasillado veáse Quintana Fernández “Las elecciones en el caciquismo” Ubi Sunt Nº8. 23 La Mano Negra, sólo ha sido el ejemplo de otros muchos: las continuas persecuciones y encarcelamientos al gaditano anarquista Fermín Salvochea (como por ejemplo el de 1890) o la ya conocida Semana Trágica de Barcelona (1909) en la que se cogió como cabeza de turco al masón Ferrer i Guardia creador de la Escuela Moderna cuando no sólo no tuvo nada que ver sino que además nunca estuvo allí. Sin embargo hay un hecho no tan conocido que tuvo lugar en 1877 en el arsenal de La Carraca de San Fernando donde se mataron a sesenta y seis anarquistas arrojados al mar envueltos en sacos con pesas. 24 A.A.V.V. “Revolución burguesa, oligarquía y constitucionalismo (1834-1923)) Tomo VIII Historia de España dirigida por Manuel Tuñón de Lara. Editorial Labor Barcelona 1990 pp.351
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social y que desde luego dio su visto bueno a la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930). En este sentido resulta patético cuando Guillermo Górtazar en su libro Alfonso XIII hombre de negocios pretende casar la afición increíble y desmedida del rey por los coches con una supuesta preocupación social para que los españoles tuvieran un más fácil acceso a este medio de transporte. No obstante como ya señalara antes no resulta de ser paradójico que el PP identifique la actual democracia con esta etapa de la historia. Así, historiadores de la derecha como Schwartz25 lo han hecho, aunque desde una postura positiva hacia el régimen canovista y por tanto hacia nuestra democracia. Aunque por motivos distintos coincido con Pedro Schwartz ya que las analogías entre un régimen y el actual por desgracia son flagrantes. 26 Azaña y los noventayochistas Puede que este sea un término que peca de impreciso, pero con él me quiero referir a esa generación de corte liberal, que tras el desastre del 98, deseaba reformar a España y darle un impulso democratizador del que había carecido a lo largo de prácticamente todo el siglo XIX. Si me he centrado en Azaña (y en menor medida en Ortega y Gasset) es porque parece ser que el PP en general y Aznar en particular quieren unirlo a su discurso. Así, tenemos declaraciones de Aznar como aquella que pronunciara en 1994 en la presentación del libro La última salida de Azaña de Jiménez Losantos “En esta hora de España, integración nacional e integridad democrática son para mí acicates para desempolvar la figura de Azaña” o “Protesto que haya que estar a la izquierda para reivindicar la figura de Azaña”. Si bien este fue uno de los responsables de la matanza de Casas Viejas en 1933 no tiene ideológicamente nada que ver con los Cánovas, Sagasta, Dato o Maura. Manuel Azaña era un hombre perteneciente a esa pequeña burguesía, regeneracionista del 98, que pretendía renovar culturalmente a España, muy influida por el krausismo, que se caracterizó por su voluntad de reformar la sociedad y por su talante liberal y que tuvo como mayor exponente el régimen de la II República.27 Tiene pues razón Arranz cuando afirma categóricamente que 25 Esto lo hizo en un ciclo de conferencias en 1993 con el título “Nación y Estado de la España Liberal” 26 Muy interesante sería hacer una analogía entre las dos épocas. Sin embargo es otro tema el que nos toca hoy. No obstante sugerentes son las palabras de Pablo Castellano en su libro “Por Dios, por la Patria y el Rey” “La restauración monárquica nacía elitista, selectiva y desconfiada ante la voluntad popular libremente expresada. Surgía del caciquismo de los clanes y castas del franquismo, que se ampliaba a los caciques de la oposición, ávidos de tocar poder (...) No obstante, tenía una ventaja sobre el modelo a imitar, aquél de 1874, y es que en esta ocasión la llamada ala liberal, frente a la conservadora, era más amplia, pues comprendía también a la izquierda histórica, una izquierda que renunciaba a todo lo que la definía como tal” pp.258 27 Estos hombres en absoluto eran revolucionarios. De hecho ante el pánico de la Revolución Rusa, Ortega sostuvo que para entender el comunismo ruso había que acudir a Buda y a los libros sagrados de la China, y en su libro La rebelión de las masas (1929) decía que las masas no podrán ni deberán regentar la sociedad. Todo esto se vislumbrará en
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“Azaña no pertenece políticamente a ninguna de las tendencias políticas de la derecha”. Máxime para un hombre que afirmaba en su famoso discurso de “España ha dejado de ser católica”, que la República tenía tres problemas fundamentales: el tema de las autonomías locales, la reforma de la propiedad y la implantación del laicismo28. Pero ¿por qué reivindica el PP a Azaña y por extensión a Ortega? El PP es un partido nacionalista29, pero decir esto en España es recordar al nacionalcatolicismo. Es por ello que necesita de otro nacionalismo secular y liberal, necesita del nacionalismo que propugnaba el que fuera presidente del gobierno y jefe de Estado durante la II República. Sin embargo aquí el Partido Popular cae en su discurso en una contradicción flagrante, pues los hombres que propugnaban este nacionalismo eran hombres de ruptura hacia el régimen de la Restauración al que abominaban porque demostraba con su caciquismo el atraso de España, como lo demuestra el hecho de que fuesen los sustentadores de la República que es valga la redundancia un deseo de ruptura con todo lo anterior. Por otra parte, ya se señaló más arriba la idea aconfesional –que no laica- que tiene el Estado y la ascendencia de sectores propicios a la Iglesia dentro del poder político en el marco de la democracia actual. Es por tanto inadmisible reivindicar la figura de Azaña en este contexto, ya que era una persona que abogó por la abolición de la enseñanza en las órdenes religiosas y que era enteramente laica. “ Porque nuestro Estado a diferencia del Estado antiguo, que tomaba sobre sí la cautela de las conciencias y daba medios de impulsar las armas, excluye toda preocupación ultraterrena y todo cuidado de la fidelidad, y quita a la Iglesia aquel famoso brazo secular que tantos y tan grandes servicios le prestó”30 y en menor medida la de Ortega, que aun imbuido de cierto sentir de la España eterna criticaba en su España Invertebrada a la Iglesia y a la Monarquía pues sólo pensaban en sí mismas. Aun así, hemos de saber que tanto un nacionalismo como otro –el nacionalcatólico y el secular y liberal-, como todos, son excluyentes, pues afirmar un nacionalismo es negar otros, y también supone la exclusión de los que no comulgan con él; es irracional, pues como sentimiento que es no forma la II República que siempre estuvo entre dos aguas, pues por una parte la acosaba la vieja oligarquía terrateniente-financiera y por otro lado un movimiento obrero muy organizado, muy concienciado y muy dispuesto a cambiar las relaciones de producción. No fue capaz de dar el paso adelante, en general los hombres que sustentaban la República, tenían más miedo a la revolución que al fascismo. 28 Temas que evidentemente no se han superado ni parece ser que la clase política esté interesada en hacer. 29 El PSOE también es un partido nacionalista –aunque se guarda mucho de expresarlo debido a ciertos sectores de su partido más regionalistas como los de Odón Elorza o Maragall -y aludiendo a su tradición histórica siempre argumentará este nacionalismo. Sin embargo su labor en trece años de gobierno de laicizar el Estado es nula. Puede argumentar un nacionalismo liberal de estilo orteguiano, pero secular y laico, no. Máxime cuando es el responsable del Concordato con la Santa Sede de 1985 que dio a la Iglesia gran prioridad en la enseñanza. 30 Azaña, Manuel “Obras Completas” Madrid Ediciones Giner 1990 Discurso del 31 de Octubre de 1931
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parte del raciocinio y por tanto no se puede argumentar sobre unas bases racionales, por lo que hay que recurrir a la “invención de la tradición”, forma que sirve –en ocasiones perfectamente- para la cohesión social y el no enfrentamiento entre los distintos sectores de la sociedad, muchos de los cuáles tienen intereses antagónicos. La Monarquía: Eslabón perdido y Transición Aquí tenemos que dividir en dos apartados, ambos con el claro objetivo de hacer olvidar el franquismo. El primer apartado, sería la figura de Don Juan que actuaría como eslabón perdido que une 1931 con 1975, es decir desde la caída de Alfonso XIII hasta la llegada de Juan Carlos I. Todo queda claro la abominación que supone el franquismo, –al que Aznar califica simplemente de “dictadura” y otros historiadores como Domínguez Ortiz de “accidente histórico”- la derecha que es directa heredera de éste lo quiere sepultar, corriendo un tupido velo, sobre esta -si se me permite usar la ironía- “travesura de la derecha”. Ya hemos señalado antes como a veces los historiadores elaboran unas hipótesis que rayan en lo insultante y que se podrían calificar directamente como mentiras, pues decir que Don Juan de Borbón fue el enemigo más radical e implacable de Franco como asegura José María Toquero es negar la importante labor de miles de personas que perdieron la vida en pos de la libertad en los paredones y en los montes de España, es negar las voces desgarradoras de la clandestinidad y el sano olor antifascista que respiraban las cárceles del franquismo y significa a su vez olvidar que Don Juan el 1 de Agosto de 1936 cruzó la frontera por Dantxarinea vestido con mono azul y boina roja deseando unirse a las filas fascistas –cosa que Mola impidió- y que no contento con este fracaso se ofreció para servir en el crucero Baleares en una carta que envió a Franco en Diciembre del 36. Es evidente que la persona de Don Juan es el punto más flaco de las bases del discurso histórico que maneja el Partido Popular, pero aun así esto no impide que el PP lo reivindique como el “eslabón perdido” de la Monarquía, intento por otra parte débil de hacernos olvidar que el rey actual fue designado por Francisco Franco y más importante aún de ensalzar (y aquí entroncamos con el segundo apartado) dicha monarquía a la que se considera desde la historiografía oficial como el alma mater de la Transición y al actual rey Juan Carlos I como ese ente aislado que hace posible gracias a su extraordinaria lucidez hacer pasar a España de una dictadura a una democracia.31 Sin embargo ya debería ser hora de que la historiografía despertara de su sueño, de su letargo y comprendiera exactamente en que consiste la transición. Ésta es simplemente un mito que no sólo la usa el PP como base de su discurso histórico sino también la izquierda y en general todos los partidos del arco parlamentario. Es evidente, les va la vida en ello, hay que elogiar al rey y a la Transición, ser juancarlista, para legitimar a la actual democracia y legitimarse a sí mismos. Antes que nada habría de aclarar el concepto de transición. Hoy en día este término se usa para designar el paso más o menos pacífico de un sistema 31 Esto entronca perfectamente con el academicismo del siglo XIX que entendía la historia como algo de individualidades, negando la importancia de las clases y grupos sociales.
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unipersonal a un sistema liberal, de separación de poderes, que se caracteriza por el consenso de las fuerzas políticas y sociales, por la integración en el orden mundial de economía de mercado, etc... Pero se olvida que hasta los años sesenta el término transición tenía una clara connotación económica. Muchos eran los libros y los debates estructurados en torno a la transición del esclavismo al feudalismo o del feudalismo al capitalismo (Dobb, Wallerstein, Takahashi o Brenner eran autores de algunos de estos libros). Era pues un término que se refería a un proceso lento de profundos cambios estructurales en el seno de un determinado modo de producción, con un discurso fuertemente comprometido con la sociedad cuya demanda última era un cambio de las relaciones de producción en beneficio del bien común. La Transición española, significó más bien todo lo contrario: un proceso vertiginoso que en menos de una década había sido capaz de modificar la formalidad política, dejando intactas las estructuras socioeconómicas32. Pero para explicar todo esto, hemos de irnos un poco hacia atrás. Durante los años 40 y gran parte de los 50 los sustentadores del régimen de Franco, la burguesía terrateniente y financiera, decidió apostar por la autarquía, cosa que resultó ser un gran fracaso y es por ello que se incorpora tarde al proceso industrializador que se está dando en toda Europa. Ante la dependencia hacia los países capitalistas más avanzados, por las numerosas importaciones que no se compensan con las escasas exportaciones, los elementos más dinámicos de la burguesía española, próximos casi todos al Opus Dei, se verán limitados. Limitación a la que hay que unir un mercado interior débil, con poca demanda de los productos que intenta impulsar este sector de la oligarquía española. Sin embargo la baraja se rompe en 1959 con los Planes de Estabilización y el ascenso político del Opus. En la década de los sesenta el boom económico en España será espectacular, pero este boom no hubiera sido posible sin capital, capital que viene de mano de las divisas de los emigrantes españoles, ingresos por turismo e inversiones extranjeras (gracias a las rígidas condiciones de la clase obrera española que sin derecho a huelga y con salarios bajos, hacía de España un rico campo para la inversión de las potencias capitalistas). Al fin, la burguesía se dará cuenta de que es necesario un cambio político debido a las presiones de la clase obrera y al interés por integrarse en la CEE, con la que la importante inversión extranjera se verá aumentada. Surge inevitable la pregunta. La transición española: ¿Cambio o continuidad? El cambio parece evidente, pues en lo político España queda configurado como un Estado social y de derecho, la dictadura fue sustituida por una monarquía parlamentaria basada en el sufragio universal, se comienza a legislar sobre el divorcio, España se articula en torno a diecisiete comunidades autónomas... Pero la continuidad puede también ser argumentada, pues no hay ruptura legal con el franquismo ya que la Ley para la Reforma Política de 1976 fue hecha y aprobada por los legisladores del Régimen, Juan Carlos I accedió al trono en virtud de la Ley de Sucesión de 1947, designado por Franco en 1969, antes de Octubre de 1982 los ministros tenían una filiación continuista con el régimen 32 Lo que le venía muy bien a los teóricos del neoliberalismo para equiparar el nazifascismo con el comunismo que tenía su referente en los países del Este.
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anterior, y como ya hemos señalado antes las estructuras socioeconómicas se mantienen intactas. Aunque hubo cambios evidentes, la continuidad fue mayor de lo que muchos piensan. No obstante sería un error hacer un análisis sin tener en cuenta el contexto internacional y el interés geoestratégico que podía tener España para las principales potencias capitalistas.33 “La Transición marginó la participación democrática de los ciudadanos al ser el fruto del pacto entre dos camarillas, la formada por los franquistas que comprendieron que al morir Franco, pieza clave de la dictadura, algo había que cambiar para que todo cambiase lo menos posible y la de aquellos dirigentes políticos y sindicales antifranquistas que estuvieron dispuestos a renunciar a los principios y objetivos por los que se había combatido, en nombre de un supuesto “realismo” y de poder acceder rápidamente al desempeño de cargos públicos. Este pacto cuyo propósito fundamental fue impedir el resurgimiento de las experiencias democráticas y autogestionarias que tuvieron lugar durante la II República, se realizó bajo el control y la bendición del capitalismo internacional representado en especial por Estados Unidos y Alemania. Dicho pacto comprometía a los primeros a convencer o neutralizar los elementos más ortodoxos del franquismo –en particular los militares- y a los segundos a reconducir y frenar las movilizaciones obreras y populares”34. Normalmente se suele argumentar a favor de la Transición cuando se esgrimen argumentos a favor de la continuidad con el régimen anterior, la posibilidad de un nuevo golpe militar, una nueva Dictadura y una posible guerra civil, poniéndonos para corroborar dicha tesis el ejemplo del 23-F que de paso sirve para ensalzar la figura del actual monarca. Sin embargo tres puntos contrarían esta tesis: A) Que como dice Juan Eslava Galán, existía como resultado del boom económico de los sesenta una importante clase media que evitaba la polarización de la sociedad. B) Que tras cuarenta años de dictadura, toda una generación brillante de conciencia nítida, crítica y democrática se había perdido, bien en los muros de los cementerios, bien en los tristes caminos que deja el exilio, y que si bien es cierto que existía una movilización muy fuerte de la clase obrera, muy concienciada en pos de cambiar las relaciones de producción, no es menos cierto que ésta en su mayoría se miraba en demasía en el espejo de sus líderes que ya hacía tiempo que se habían vendido a los designios del capitalismo internacional, acuñando palabras como socialdemocracia o eurocomunismo. C) Que en lo que respecta al 23-F, fue utilizada por la camarilla franquista para mejorar su capacidad de negociación y aceptada por la de los antifranquistas por el temor de que sin dicho espantajo, se vieran 33 Esta injerencia total de las principales potencias capitalistas niega evidentemente esa visión oficial de contemplar la transición como un proceso producto de lúcidas mentes como la de Juan Carlos I: El rey no es más que un títere de EEUU. En este sentido parecen apuntar recientes investigaciones tras la apertura de muchos de los archivos de la CIA. 34 Castells Durán, Antoni “La vía española al totalitarismo” Polémica Marzo 2001
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desbordados por reivindicaciones populares y obreras, las cuáles cuando creyeron ver un aire de verosimilitud en las amenazas de golpe militar, se deslizaron al recogimiento, para pocos años después caer en la marginación social. En definitiva, tan padre de la Constitución es el ex estalinista Santiago Carrillo como el antiguo ministro de Gobernación con Franco, Manuel Fraga. Constitución que entre otras cosas impuso la tutela del Ejército como garante del nuevo régimen.35 Y es que como dice Secundino Serrano se confundió olvido y perdón con amnesia e impunidad, negándose una verdadera y profunda democratización del país, que en consonancia con los nuevos tiempos de “paraíso neoliberal”, nos ha traído turnismo, imperio de los mass-media36, desideologización (centro virtual) y leyes restrictivas que en el caso del PP se centrarían en LOU, Ley de Extranjería, Ley de Partidos, Ley de Calidad, etc..., siempre destinadas a defender los intereses de una oligarquía, oligarquía que como decíamos al principio de este artículo se ha transformado de terrateniente-financiera, en financiero-especulativa37 y que manejando un discurso histórico determinado -discurso que por una parte está lleno de contradicciones y por otra nos descubre perfectamente lo que el partido que aglutina a esta clase es- pretende hacernos caer en la amnesia histórica, en el olvido colectivo, no vaya a ser que queramos conocer el pasado, para comprender el presente y cambiar el futuro. 35 Art.8.1 “Las Fuerzas Armadas , constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército de Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional.” Constitución Española 36 Como botón de muestra ver el Eccus del 20/01/2003, en el que sale a la luz una carta de trabajadores de RTVE, denunciando la manipulación del medio por parte del Gobierno del PP en lo que se refiere al tema del Prestige. 37 Pues ha descubierto los rapidísimos beneficios que otorga la especulación, en contra de la tenencia de tierras, demasiado costosa para mantener con los nuevos tiempos que corren de UE y desestructuración del sector primario.
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