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centaurodeldesierto

Sobre víctimas y verdugos

 

En estas últimas semanas de comienzos de año, me desayuno la tristeza de un pueblo como es el palestino, condenado y olvidado por la comunidad internacional. La masacre que está generando el régimen sionista de Israel no tiene nombre y es una agresión con todas las de la ley. La argumentación de los agresores se reduce a la fórmula ya conocida del verdugo que se convierte en víctima, es el viejo cuento del agresor que se presenta como agredido. Es una estratagema que han realizado todos los imperios desde los romanos hasta el Tío Sam y que el sionismo –que no es otra cosa que nacionalismo con tendencias agresivas y expansivas- reproduce en Oriente Medio.

                Imagino como funcionarán los medios de comunicación en Israel. Primero se hace un sofrito  con el peligro que supone para la supervivencia del país sionista la existencia de grupos como Hamás, luego se añaden las los titulares y las fotografías de los cohetes de fabricación casera lanzados por los palestinos ocupando todas las portadas; y finalmente se adereza todo con la amenaza de un nuevo holocausto y de la necesidad de que exista un país como Israel para que el pueblo judío pueda vivir seguro. El estado de Israel nacido entre no pocas dificultades a fines de los años cuarenta busca legitimarse como tal y para ello no duda si es necesario en manejar ese episodio tan horroroso en la historia de la humanidad como fue la Shoah para su convenio.

                Leía no hace poco en un conocido medio de difusión digital, que se las dan de defender a capa y espada la libertad, de la necesidad de defender a Israel de los palestinos, ya que Israel eran los nuestros. Ante argumento tan pueril, tan maniqueo y por desgracia a veces tan efectivo, ya no me indigno. Si los míos son los que lanzan sobre Gaza la guerra química, si los míos son los que construyen muros de la vergüenza, si los míos son los que convierten ciudades en auténticas ratoneras sin escapatoria para la población de a pie, no quiero, me niego. Desde hace mucho tiempo soy de los otros. Creo que es un acto de empatía, de pura justicia.

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