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centaurodeldesierto

Opinión

Piscinas de verano

 

La primera vez que lo sentí fue en el club de socios al que acudía todos los veranos. Mi padre, con la frontal oposición de mi madre y con la mejor de las intenciones, había pensado que estaría bien que sus hijos se relajaran y divirtieran en piscinas de coto privado, lejos de la multitud dominguera que suele llenar las piscinas municipales. Sin embargo, mis hermanos y yo mirábamos éstas con deseo y a esa masa de gente que se agolpaba en ellas los días gratis y los fines de semana, con envidia. Casi todos nuestros amigos de la infancia iban allí y alardeaban de lo bien que se lo pasaban, de lo ancha y larga que eran las proporciones donde ponían sus culos a remojar, de su ignota profundidad y de cómo se arriesgaban para hacer pie en la parte más honda. Uno, en su afán inocente de compartir esos alardes de los amigos, recurría a defender las virtudes de las piscinas del club privado -que si eran más limpias, que éstas eran todavía más grandes y anchas que las municipales...-; incluso llegando a alguna discusión fuerte de varios días sin hablar.

Sin embargo, en mi fuero interno yo sabía que todo era un engaño, una mentira. El club privado no me gustaba, y no me gustaba porque no tenía amigos allí. La mayoría de aquellos niños, imitando el comportamiento de sus señores padres, se sentían muy ufanos de pertenecer a aquel selecto cortijo, aunque aquello de selecto tuviera poco. Era un círculo cerrado en el que era difícil entrar, en el que para acceder habías de mostrar continuamente credenciales si no querías correr el riesgo de estar marginado y convertirte en un apestado. Ser diferente, disentir de las normas tácitas que aquella panda de orgullosos engreídos compartían dentro de su vacío contubernio, suponía condenarse a ser mirado por encima del hombro. Recuerdo que aquellos veranos sentí esa sensación muchas veces. No era agradable, y además de esto, no lo veías justo, sino caprichoso. Repelía aquella sensación. Fue hasta que crecí y comencé a sentirla cada vez más y más que no supe poner nombre a esa impresión. Se llama clasismo, un mal más a exterminar.

 

Los ricos también lloran

 

Veo en Cuatro el reportaje sobre Leonard Madoff, el tipo que ha estafado y se ha forrado a costa de gran parte de los ricos del mundo. La cara del tipo es serena, tranquila, incluso amable. Considerado hasta hace poco más de un año un auténtico genio de las finanzas, hoy se descubre como el mayor embaucador del mundo. Un tipo que desde su torre de babel urdía en su despacho cuasi en solitario un engaño de altura. Es curioso como gran parte de los forrados del globo, no contentos con sus abultadas cuentas corrientes, se cegaban con los beneficios seguros que prometía Madoff. La visión de este reportaje me muestra que los ricos también lloran, aunque a mí no me perturba lo más mínimo. No me provoca escalofríos, ni me estremezco, ni me solidarizo con la mujer que desde su chalé de varios millones de dólares exclama con voz quebrada que sólo podrá mantener la vivienda un par de años más. No me producen la más mínima empatía los manifestantes que esperan romperle la cara a este timador de alto-standing, tras haber invertido uno de sus tantos millones de dólares en lo que parecía la gallina de los huevos de oro. No me provoca ningún sentimiento cercano a la indignación ante tanta injusticia el ver como los millonarios de Palm Beach venden algunos de sus abalorios en las subastas...  Y es que el timo de la estampita elevado a alturas estratosféricas se hizo para los avariciosos, para los sedientos no del verde esperanza, sino del verde de los billetes. En la ciudad sin ley que es el orden financiero, Madoff no fue sino el alumno aventajado cuya codicia le hizo romper el saco. Es culpable, a pesar de su cara de no haber roto un plato, pero no más que todos los que invirtieron en sus fondos. No veo diferencias, soy ajeno al lenguaje y a los sentimientos con que se manejan los picatostes del capital. Algunos me llamarán insensible, quizás los mismos para los que conciben el mundo como si fuera un juego de Monopoly. Los ricos también lloran, pero de manera diferente al común de los mortales. A mí no me engañan, no estoy en el mismo barco que ellos.

 

La burbuja

 

Comienza el verano, y mientras muchos nos vamos de vacaciones a aprovechar un merecido descanso tras meses de trabajo, no serán pocos los que aprovecharán el estío en otros menesteres. En lo que me toca por profesión, la administración educativa continuará con su tarea de cargarse la enseñanza en este país emitiendo nuevos decretos. Es curioso que casi todas las órdenes y normativas que vertebran la educación en España se formalizan en los meses de verano. "De cara al próximo curso", dirán algunos, los bien pensantes. Sin embargo, uno que siente visceral desconfianza de las instituciones, sospecha que es más bien para no encontrar ninguna oposición y para que a la vuelta de Septiembre, nuestro ya de por sí aburguesado profesorado no proteste y se atenga a una política de hechos consumados; a asentir mansamente adormecido por un sueldo, que no es que sea la panacea, pero que supera el mileurismo por el que ya empieza a destacarse el sueldo del español medio. Y es que cuando se vive de espaldas a la realidad, podemos creer que vivimos en el mundo de los olores y de los colores. Es por ello que me llama la atención cuando comento algún caso cercano de explotación laboral, las caras de sorpresa, que no de indignación, de mis compañeros de la enseñanza. Siglo XXI y qué poco hemos avanzado, la solidaridad se desvirtúa en interpretaciones que la vacían de contenido. Vivimos en una burbuja que nos hace pensar sólo en nosotros mismos y no en nuestros semejantes, en nuestros iguales. Sólo espero, que al igual que la burbuja inmobiliaria, ésta estalle también.

 

Yes, we can

 

Todo el mundo lo aplaude allá por donde va. Como si de una estrella de cine o del mundo musical se tratara, la gente grita y quiere ser tocada por él. Al grito de Yes, we can no son pocos los que sueltan la lagrimita. Los periodistas le dedican al señor Barack Obama encendidos elogios, loando su retórica, lamentándose de que en España ya no hay políticos con la presencia y la estrella del primer presidente negro de los Estados Unidos.  Sin embargo, no puedo resistirme a la idea de que aquí hay trampa y hay cartón. De que si Obama ha llegado a la presidencia de un país como el de los Estados Unidos, es porque el capital del petróleo y amigo de Israel necesita de una cara amable y simpática, que aliente al personal con sus palabras ampulosas. No paran de hablarnos de sus gestos simbólicos, de sus propuestas políticas expuestas a bombo y platillo. Al final todo quedará en agua de borrajas y los que lo hicieron sentarse en el despacho oval de la Casa Blanca, llamarán, si no lo hacen ya, a su puerta, solicitando una recompensa por los servicios prestados.

Recientemente nuestro presidente planetario ha sido retratado en una entrevista mientras mataba a una mosca que le importunaba. Espléndida metáfora de lo que ocurre en el mundo. La brutalidad para imponer el orden mundial. El fin que justifica los medios. Un daño colateral en Pakistán, o intentar desestabilizar Irán acusándolo de pucherazo en los comicios cuando no resulta electo el candidato propuesto. El manotazo necesario que elimina al molesto insecto para garantizar la mejor y más confortable de las sonrisas.

 

Molesto Zapatero


Nunca lo voté porque no creo en ese rito de depositar una papeleta cada cuatro años. Sin embargo, en el principio, nunca dudé de que sus palabras fueran sinceras. Me resultaba asombroso que un tipo que hubiera llegado tan arriba se creyera realmente el rollo. Al contrario que algunos de sus compañeros de viaje o el anterior gobierno de Aznar, no me molestaba la presencia de Zapatero cuando salía su careto en las noticias. Eso, a pesar de sus continuos y encendidos elogios al sistema liberal y a la democracia burguesa de la que se decía un gran defensor. Me decía a mí mismo y a algunos compañeros, que hoy por hoy, dentro del sistema capitalista en el que vivimos y siendo un país perteneciente a la Unión Europea, este tipo era lo máximo a lo que se podía aspirar dentro de los límites que marca el Estado de derecho.

Sin embargo en un in crescendo del que no he sido consciente hasta hace relativamente poco tiempo, Zapatero me cansa y me harta. Ya no lo veo ligeramente diferente a sus ministros y ya no veo en él palabras sinceras. Tarde o temprano sabía que pasaría, y la verdad es que no me da pena y me hace convencerme aún más de que el poder corrompe, de que una sociedad organizada de arriba abajo está abocada al fracaso, y de que la realpolitik tiene mucho que ver con las desventuras de los banqueros y consejos de administración y poco con las del común de los mortales.

A veces llama la atención lo alejados que se encuentran los políticos del latir de la calle. En las pasadas elecciones generales se vio que había un nutrido grupo de de gente, que por miedo al blanco y negro que supuso el aznarato, eligió al amigo ZP en masa. Esto es, no tanto por convicción como por temor. Iluso sería por tanto si cree que la gente lo ha elegido como presidente del gobierno por su cara bonita. Sin embargo, su gestión de la crisis engañando y mintiendo al personal con eufemismos varios, parecen confirmar su ingenuidad en la fidelidad de una parte importante de los españoles en su programa; y la tendencia -casi genética- que tiene todo político a mantener su sillón por encima de lo que sea.


Talento y talante

 

A Juan Marsé uno de los novelistas de mayor prestigio de las letras españolas le acaban de dar el Premio Cervantes -sospecho que más que por sus méritos literarios, que los tiene, por ser un catalán que escribe en castellano-. Su premio ha estado envuelto en cierta polémica a raíz de unas declaraciones que hizo, en las que señaló que el problema del cine español no residía tanto en la piratería como en la falta de talento. La verdad es que no sé como le habrá sentado la declaración a la recién nombrada ministra de cultura Ángeles González Sinde, coguionista de la que está llamada a ser en un futuro obra maestra de nuestro cine Mentiras y gordas.

Sí, tiene razón Juan Marsé, las descargas por internet y los archivos P2P no son los culpables  de la crisis endémica por la que atraviesa el cine español, sino la ausencia de talento. Decía Robert de Niro en la maravillosa "Una historia del Bronx", que lo peor que hay en esta vida es un talento desperdiciado. La verdad que talento, talento, este país anda escasito de él. Eso sí, talante en España hay para dar y regalar: compadreo entre el ministerio de cultura, la SGAE y las productoras de cine, porra y bastón para los estudiantes que dicen No a Bolonia, enchufe de dinero a los tiburones de los bancos, un nuevo acuerdo entre sindicatos y patronal para dejar todavía más con el culo al aire a los trabajadores... Creo que empiezo a entender que es esto del talante: patriotismo barato con mucho fútbol y mucho Nadal, mientras se invita al ciudadano medio a ajustarse el cinturón en tiempos de crisis y a consumir en tiempos de bonanza. Eso sí, todo con la mejor de las sonrisas.

 

El buen ciudadano

Hay gente para la que el mundo está dividido entre ladrones y no ladrones, entre personal que roba y personal que no roba. Se sienten muy orgullosos de ejercer sus funciones de ciudadanos pagando sus impuestos, no dañando el mobiliario urbano, saludando al señor policía y preocupados, muy preocupados por la seguridad… Entre sus temas de conversación está el de criticar los pequeños hurtos y fraudes de su vecino, para así de este modo subrayar su moralidad cívica. Que si hay mucho caradura que cobra el PER sin haber pisado en su vida el campo, que si fulanito se ha comprado con la beca un ordenador y una moto, que si no hay justicia porque a menganito sólo lo condenaron unos pocos años en la cárcel y luego volvió a reincidir… Muy preocupados como están por cumplir la ley pretenden que todos lo hagan con la exhaustividad y rigor que ellos lo hacen y así, se sienten muchas veces defraudados, timados y preocupados al ver como el Estado despilfarra demasiado dinero en catervas de vagos que aprovechan los resquicios de nuestro atrofiado Estado de bienestar, mientras ellos cumplen escrupulosamente con Hacienda. El pensar que su dinero va a las pandas de pícaros que, cada día más, llenan el país los pone enfermos.

Sin embargo, nunca he oído a ningún buen ciudadano de estos hablar de los estados que les salvan el culo a los banqueros que causaron la crisis decorando sus despachos; quejarse de la injusticia que supone que los Albertos del Banco Zaragozano que mangaron dinero a mansalva sean absueltos por el Tribunal Supremo; poner el grito en el cielo por esas empresas que son salvadas in extremis por la inyección de pasta que les mete Papá-Estado para que siga gestionándolas el Consejo de Administración que las llevó a la quiebra… Ante todo esto callan, y arrugando el ceño, creen que los que pensamos que el mundo se divide en ricos y pobres no somos otra cosa sino un problema para la policía. Así nos lo demuestran en sus comentarios mientras les llegan las noticias que anuncia el telediario sobre las recientes manifestaciones anti-sistema acontecidas en Londres o Estrasburgo. Para ellos esto no es otra cosa sino un gesto obsceno que atenta contra las sagradas normas de la buena urbanidad.

Ironía

Recuerdo hace unos meses lo que se nos remarcó la idea en el telediario con la idea de que España tenía que estar en el G-20. El presidente Zapatero hacía encomiables esfuerzos para ello desplegando a toda su diplomacia y la oposición no paraba de azuzarlo, ya que el hecho de que el país no tuviera un sillón en estas ilustres reuniones, se podía considerar poco menos que una vergüenza nacional. Bien, ZP y su séquito no sólo tienen su puesto en el G-20, sino que además no se han limitado esta vez a mirar por la ventana ante la incapacidad de entender el inglés mientras el resto de dirigentes conversan entre pasillos. Al contrario, parece que según nos cuentan algunos líderes de opinión, nuestro presidente ha servido de puente para aunar las posiciones enfrentadas del bloque europeo y del bloque anglosajón. Qué bien se siente uno cuando tiene representantes así, que patriotismo y orgullo penetra en mí cuando veo a todos esos tipos trajeados sonrientes y a un español entre ellos. Al parecer están reuniéndose en estas cumbres para limar las muescas del capitalismo y darle un rostro humano. La gran estrella es el nuevo presidente de los Estados Unidos, la gran esperanza del mundo, el tipo que está llamado a ser el nuevo Kennedy. Es una persona abierta y de gran talante, y comentan, que el entendimiento entre Zapatero y él ha sido inmediato, vamos que ha habido un flechazo entre los dos. Son muchos los que han señalado la brevedad de la cumbre, apenas un solo día, pero la celeridad en solucionar problemas y aportar soluciones de todos los líderes políticos, siempre preocupados por el bienestar de sus ciudadanos, ha sido digna del más encendido elogio. Al final se ha llegado a un acuerdo que algunos de nuestros insignes gobernantes han calificado como la mayor reestructuración del sistema económico desde Breton Woods y que se puede resumir en señalar una serie de puntos negros y líneas rojas que nuestro sistema capitalista seguro, nunca habrá de volver a pisar, gracias al apretón de manos y la foto de familia de nuestros representantes…

Nota al pie: Sin duda de los siete pecados capitales, el que más practico es el de la vanidad. Soy un vanidoso, lo admito. Me gusta que me digan lo bien que hago las cosas, que me regalen los oídos, y también evidentemente me encanta y disfruto leyéndome. Sin embargo esta lectura me ha sentado un poco regular. Su efecto laxante ha sido demoledor.