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centaurodeldesierto

La letra con sangre entra

 

Más que cualquier enfermedad relacionada con la titulitis o la presencia de algún insigne profesor, de mis años en la universidad siempre recordaré de manera indisoluble los amigos que hice y los episodios reivindicativos que mantuvimos a lo largo de nuestro periplo por eso que llaman la “educación superior”. Entre dichos episodios cabría destacar la participación activa en contra de un informe que ya pululaba por las universidades: el famoso Informe Bricall, antecesor directo del plan Bolonia que pretenden imponernos hoy a golpe de porra y desalojo. Con esto pretendo decir cómo el vender las universidades a los postulados neoliberales es una operación que se viene realizando desde hace ya años, y cómo desde hace ya años hay estudiantes que para nada están dispuestos a callarse, a pesar de que sufran todos los rigores de aquél lema tan pedagógico de La letra con sangre entra. Evidentemente, el Estado despliega no sólo su fuerza bruta –de la que ya tuvimos suficiente constancia hace unos días con el desalojo en la Autónoma de Barcelona-, sino también su fuerza mediática. Hoy como ayer, los que se oponen a un modelo de universidad tan descaradamente clasista, son tildados de ingenuos, utópicos y mal informados; de violentos y de intolerantes en el peor de los casos

Las medidas emanadas de la LOGSE y la LOCE y que se llevan aplicando desde hace años en la Enseñanza Media, buscan, a través de Bolonia, hacerse un hueco también en la nepotista universidad para de este modo culminar el ascenso al paraíso neoliberal: El hijo de familia pudiente podrá asistir después de su paso por el colegio concertado de turno a una buena universidad, y tras graduarse podrá realizar sus respectivos másters por todo nuestro globalizado mundo, alcanzando finalmente un puesto preeminente en nuestra sociedad. El hijo de familia modesta, si quiere estudiar, asistirá a su instituto público, no tan bien equipado como el concertado, y después irá a la universidad de provincias, donde su título tras años de esfuerzo suyo y de sus padres, equivaldrá al papel higiénico, nunca podrá cursar ningún master y formará parte del nutrido club de los mileuristas. A todo esto, no serán pocos, como tampoco actualmente, los corifeos de este modelo que nos detallen sus excelencias, desde políticos a empresarios, desde sindicalistas profesionales a gente del mundillo educativo.

Hay gente que se precia de ser un buen ciudadano, de pagar sus impuestos y de no haber alzado nunca la voz, de cuidar escrupulosamente el mobiliario urbano… Se autodenominan tranquilos y normales. Ante casos de violencia policial como al que asistimos el otro día en la Autónoma, arrugan el ceño y defienden la actuación policial más que el propio Consejero de Interior –ese impresentable progre llamado Saura-. No hay más ciego que el que no quiere ver, ni más sordo que el que no quiere oír. Son los mismos que dicen que siempre hubo y habrá ricos y pobres.

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