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centaurodeldesierto

God bless America

Siempre me han chirriado las alusiones bíblicas de los políticos estadounidenses. Me suena a cosa de destino manifiesto, de pueblo elegido, de poder hacer y deshacer a tu antojo porque tienes a Dios de tu parte. Lo que significa bombardear algún país de Oriente Medio, derrocar el gobierno que atenta contra los intereses del petróleo o sustentar al títere de turno mientras de fondo con aire solemne se cierra el discurso con el God bless America. Se podrá decir de todo a favor de las menciones al Antiguo y Nuevo Testamento de los políticos de Estados Unidos, de su tendencia a verse rodeados por telepredicadores y vendedores de biblias: que si forma parte del acerbo histórico cultural de la nación, que si es una mera cuestión electoral debido a un importante sector de la población que prefiere a Adán y Eva antes que a Darwin... En cualquier caso me dan igual las explicaciones que se quieran dar, la religión y la cosa pública se llevan muy mal y hay que desconfiar del iluminado de turno, de aquellos que te prometen el paraíso ya sea en nombre de Cristo, Alá o Yahvé con eslóganes de campaña electoral.

 

Hasta ahora me sentía aliviado de que al menos en Europa los políticos habían renunciado a esas citas bíblicas. Es cierto que muchos pierden el culo por una audiencia con el papa, que en España muchos escaños son del Opus Dei, pero nunca veremos a un político del viejo continente diciendo públicamente que su filósofo favorito es Jesucristo, y en caso de que lo hiciera echaría para atrás a gran parte del electorado. Es por eso que me sorprende cuando leo que ese tonto con suerte que es Zapatero, se dedica a glosar la Biblia rodeado de fundamentalistas religiosos y del amigo Obama. Si quiere realizar una política de acercamiento a los Estados Unidos no es el lugar para hacerlo.

 

Sin embargo existen otros Estados Unidos, lejos de martillos de herejes, de cinturones bíblicos, de antiabortistas que no titubean en firmar sentencias de muerte con un mayor presupuesto al Pentágono. Nos lo enseñó Howard Zinn, el autor de La otra historia de los Estados Unidos. Luchador infatigable de los derechos civiles, pacifista libertario, en su obra más famosa escribió la historia de los otros norteamericanos, de los indígenas, de los negros, de los obreros, de las mujeres. Huyó de la historia académica de panegíricos a Washington y Lincoln, y nos mostró con un libro vibrante y lleno de vida que aunque parezca mentira la lucha de clases también existe en el país más poderoso del mundo. Ha muerto hace cosa de una semana, feliz, ya anciano, quizás esperando que la tierra que lo vio nacer despierte y acabe con la cabalgata de galgos terribles que mata niños morenos, esa que dispara, despedaza y explota amenazando con la llegada del Juicio Final.

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