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centaurodeldesierto

Donde las dan las toman

El juez justiciero, adalid del poder judicial, defensor de las causas de bombo y platillo, más por una cuestión de narcisismo que de creencia, sufre las consecuencias de una persecución ideológica. No serán pocos los que ponemos el grito en el cielo porque el juez defensor de causas perdidas es acusado de prevaricación por abrirle una causa al franquismo -que tuvo mucho de ruido y poco de nueces por cierto-. Una muestra más de lo que es este país y el régimen que se implantó tras la transacción en 1978: una democracia hecha a medida del poder franquista del momento, con unos cuantos temas tabú y que resultan intocables -como el caso de la guerra civil y de la dura represión fascista contra esa cultura democrática y/o revolucionaria-. La democracia de la amnesia, la de los que gobiernan de siempre, no pueden permitir que un tipo tenga la leve osadía de meter mano en una de las bases sobre las que se asentó la transición: la de la tabla rasa, la del miremos para delante sin mirar atrás, la de la mentira de la locura trágica y el todos perdimos, la de la ocultación del genocidio que se desató entre 1936 y 1939 y la posguerra.

Sin embargo, no habría que olvidar que como dice el refrán donde las dan las toman, y que Garzón también durante muchos años se ha dedicado a esa persecución ideológica contra el entorno de la izquierda abertzale. Abriendo procesamientos contra el mundo político vasco, que cuanto menos han tenido un carácter dudoso, clausurando periódicos y cerrando sedes de partidos. Y es que cuando se está a favor de la libertad de expresión se está con todas las consecuencias, independientemente de que el mensaje que se transmita nos guste más o nos guste menos. Aparte de que es evidente que no es lo mismo dar un mitin o pedir el acercamiento de los presos etarras a las cárceles vascas que apretar el gatillo, por mucho que nuestro Estado pretenda meter a todos en el mismo saco.

Cuando afirmo esto siempre me acuerdo de La Comuna de París, cuando anarquistas y comunistas debatían si era lícito cerrar el periódico conservador Le Figaro. Los anarquistas se negaron en redondo. Para ellos la libertad de expresión no era cuestión de papel y tinta, de orgullo narcisista, era una cuestión de creencia, de pura justicia. No había dobles raseros.

 

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1 comentario

pekk -

Más claro ... el agua.
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