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centaurodeldesierto

De Marx a yonqui

 

 

Algún psicoanalista se retraería hasta mi más tierna infancia, cuando mi tío, persona elocuente y culta, llevaba unas barbas enormes. Teorías freudianas aparte, lo cierto es que durante mi adolescencia comencé a experimentar interés por las teorías del señor Karl Marx y por su amigo y colaborador Friedrich Engels. Algunos de sus libros se agolpaban entre las estanterías de mi casa, recuerdo de los años de juventud de mi padre. En la portada de algunos de ellos, las fotos de perfil de ambos marcando unas luengas barbas y unos amplios bigotes me dejaron impactados, inspirándome un recuerdo imborrable de sabiduría, respeto y cierto aire venerable. En este sentido la suerte me sonreía, ya que desde los catorce años me había ido saliendo una barba super cerrada que me llegaba hasta justo debajo de los ojos y que crecía como si la regaran todos los días. Ya había hecho algunos tímidos intentos, aparte, odiaba afeitarme... Sí, ya estaba preparado, era mi primer año de universidad y al fin podría dar el salto, el gran salto cualitativo. A mis dieciocho años yo quería tener unas barbas que me llegaran al pecho, con un bigote que pareciera el rodillo de un pintor de brocha gorda. Según estimé en mis cálculos iniciales, que parecían sacados de un plan quinquenal, el proceso por el cuál pasaría a convertirme en el alter ego del filósofo alemán duraría tres años. Tres años que me darían un aspecto que parecería una mezcla de aquellas fotos de perfil de Marx y Engels y un enorme mostacho a lo Niestzche. Finalmente el plan quinquenal se quebró y se redujo todo a un año, un año que fue de Febrero de 2000 a Febrero de 2001, un años entero, ya no sin afeitarme, sino sin recortarme para nada.

Sin embargo...no, mi aspecto barbado no emulaba al de Marx, ni de lejos alcanzaba ese aire venerable y cuasi sacro que aparecía en las portadas de la editorial soviética Progreso. Es más, ni tan siquiera mis barbas emulaban a las de mi querido tío, recuerdo entrañable de mis más tiernos días. Para explicar esto hay que situarse en el contexto de aquellos años:

a)      Tras unos inicios prometedores la barba dejó como de crecer, y aunque llegaba al pecho, se volvió rala y algo deshilachada, con un bigote que lejos de crecer como el de Niestzche crecía hacia abajo y tapando mi labio superior.

b)      Como estudiante universitario que vive fuera de su casa y que está acostumbrado a que su santa madre se lo haga todo, mi dieta no era muy completa, reduciéndose a chistorra, huevos fritos, bacon, sopa de sobre y puchero congelao. Si a esto sumamos que no soy precisamente una persona fornida, y que no he pisado un gimnasio en mi vida, el resultado era el de un tipo enclenque que parecía sacado de un campo de concentración nazi.

c)      No era una persona por aquellos días muy higiénica -de hecho en el transcurso de aquel año alcancé mi récord sin ducharme, ocho días-. A esto habría que añadir que tenía unas melenas que me llagaban hasta la tetilla y que a menudo gustaba de llevar sueltas, merced al viento.

El resultado en definitiva era un resultado marcado por la precariedad. Una precariedad que dio lugar a millares de anécdotas. Entre ellas destacaría:

a)      Cuando mis barbas crecieron, pronto me di cuenta de que resultaba algo incómodo dormir de lado, por lo que dormía boca arriba, con mis barbas puestas por encima de las sábanas y de las mantas.

b)      Uno de mis alimentos base como ya he señalado era la sopa de sobre. Debido a algunos factores mencionados anteriormente y a que soy de una naturaleza despistada era muy normal que mis barbas acabaran remojándose en el plato.

c)      Víctima de un consumo desmedido de cannabis, no era raro que de pronto comenzase a darme manotazos en la barba al prender alguna china.

Definitivamente no había logrado mi propósito. La efigie de Marx se perdía cada vez más en la lejanía y una madrugada lo vi claro. Me desperté a las cuatro de la mañana hambriento. Vivía en el piso de papel y el verano todavía no se había ido. Hacía calor y mi cuerpo famélico se cubría únicamente por unos calzoncillos. Avancé hacia la cocina y allí rebosaba una olla enorme de sopa de sobre con fideos fría. Me pareció un manjar. Rápido me abalancé sobre ella y con un cazo bebí con fruición, el tacto frío de la sopa caía sobre mi cara. Fue entonces cuando percibí que mi compañero Rafa (Capi) estaba apostado sobre el quicio de la puerta de la cocina. Me miró con legañas en los ojos, envuelto todavía en el sueño y con desolación murmuró: "Tío, eres un yonqui".

 

 

 

Donde las dan las toman

El juez justiciero, adalid del poder judicial, defensor de las causas de bombo y platillo, más por una cuestión de narcisismo que de creencia, sufre las consecuencias de una persecución ideológica. No serán pocos los que ponemos el grito en el cielo porque el juez defensor de causas perdidas es acusado de prevaricación por abrirle una causa al franquismo -que tuvo mucho de ruido y poco de nueces por cierto-. Una muestra más de lo que es este país y el régimen que se implantó tras la transacción en 1978: una democracia hecha a medida del poder franquista del momento, con unos cuantos temas tabú y que resultan intocables -como el caso de la guerra civil y de la dura represión fascista contra esa cultura democrática y/o revolucionaria-. La democracia de la amnesia, la de los que gobiernan de siempre, no pueden permitir que un tipo tenga la leve osadía de meter mano en una de las bases sobre las que se asentó la transición: la de la tabla rasa, la del miremos para delante sin mirar atrás, la de la mentira de la locura trágica y el todos perdimos, la de la ocultación del genocidio que se desató entre 1936 y 1939 y la posguerra.

Sin embargo, no habría que olvidar que como dice el refrán donde las dan las toman, y que Garzón también durante muchos años se ha dedicado a esa persecución ideológica contra el entorno de la izquierda abertzale. Abriendo procesamientos contra el mundo político vasco, que cuanto menos han tenido un carácter dudoso, clausurando periódicos y cerrando sedes de partidos. Y es que cuando se está a favor de la libertad de expresión se está con todas las consecuencias, independientemente de que el mensaje que se transmita nos guste más o nos guste menos. Aparte de que es evidente que no es lo mismo dar un mitin o pedir el acercamiento de los presos etarras a las cárceles vascas que apretar el gatillo, por mucho que nuestro Estado pretenda meter a todos en el mismo saco.

Cuando afirmo esto siempre me acuerdo de La Comuna de París, cuando anarquistas y comunistas debatían si era lícito cerrar el periódico conservador Le Figaro. Los anarquistas se negaron en redondo. Para ellos la libertad de expresión no era cuestión de papel y tinta, de orgullo narcisista, era una cuestión de creencia, de pura justicia. No había dobles raseros.

 

God bless America

Siempre me han chirriado las alusiones bíblicas de los políticos estadounidenses. Me suena a cosa de destino manifiesto, de pueblo elegido, de poder hacer y deshacer a tu antojo porque tienes a Dios de tu parte. Lo que significa bombardear algún país de Oriente Medio, derrocar el gobierno que atenta contra los intereses del petróleo o sustentar al títere de turno mientras de fondo con aire solemne se cierra el discurso con el God bless America. Se podrá decir de todo a favor de las menciones al Antiguo y Nuevo Testamento de los políticos de Estados Unidos, de su tendencia a verse rodeados por telepredicadores y vendedores de biblias: que si forma parte del acerbo histórico cultural de la nación, que si es una mera cuestión electoral debido a un importante sector de la población que prefiere a Adán y Eva antes que a Darwin... En cualquier caso me dan igual las explicaciones que se quieran dar, la religión y la cosa pública se llevan muy mal y hay que desconfiar del iluminado de turno, de aquellos que te prometen el paraíso ya sea en nombre de Cristo, Alá o Yahvé con eslóganes de campaña electoral.

 

Hasta ahora me sentía aliviado de que al menos en Europa los políticos habían renunciado a esas citas bíblicas. Es cierto que muchos pierden el culo por una audiencia con el papa, que en España muchos escaños son del Opus Dei, pero nunca veremos a un político del viejo continente diciendo públicamente que su filósofo favorito es Jesucristo, y en caso de que lo hiciera echaría para atrás a gran parte del electorado. Es por eso que me sorprende cuando leo que ese tonto con suerte que es Zapatero, se dedica a glosar la Biblia rodeado de fundamentalistas religiosos y del amigo Obama. Si quiere realizar una política de acercamiento a los Estados Unidos no es el lugar para hacerlo.

 

Sin embargo existen otros Estados Unidos, lejos de martillos de herejes, de cinturones bíblicos, de antiabortistas que no titubean en firmar sentencias de muerte con un mayor presupuesto al Pentágono. Nos lo enseñó Howard Zinn, el autor de La otra historia de los Estados Unidos. Luchador infatigable de los derechos civiles, pacifista libertario, en su obra más famosa escribió la historia de los otros norteamericanos, de los indígenas, de los negros, de los obreros, de las mujeres. Huyó de la historia académica de panegíricos a Washington y Lincoln, y nos mostró con un libro vibrante y lleno de vida que aunque parezca mentira la lucha de clases también existe en el país más poderoso del mundo. Ha muerto hace cosa de una semana, feliz, ya anciano, quizás esperando que la tierra que lo vio nacer despierte y acabe con la cabalgata de galgos terribles que mata niños morenos, esa que dispara, despedaza y explota amenazando con la llegada del Juicio Final.

Avatar

 

 

Acompañado de la parafernalia correspondiente –gafas 3D y sonido envolvente- fui a ver Avatar. Antes, de ella me habían dicho de todo. Buenos amigos, gente cuyo juicio siempre merece mi atención, habían llegado a conclusiones de las más dispares. Movido por la curiosidad decidí ir a verla, resultando la obra de James Cameron lo que venía sospechando de antemano, que era un producto típicamente hollywoodiense, hecho por y para que la caja registradora no parase de sonar. Sin embargo el acabado no es malo. Las dos horas y media que dura la película resultan muy entretenidas y el espectador se lo pasa bien. Por tanto, Avatar no es ni la obra maestra que algunos amigos me han hecho querer ver, ni tampoco un refrito de Pocahontas con marcianitos azules que otros me han desaconsejado. Producción con grandes medios, con muchos efectos especiales, entretenimiento, historia de amor y mensaje de fondo; y que al contrario de lo que últimamente ocurre en la meca del cine, con las proporciones más o menos equilibradas y repartidas de manera que no indigesta. Eso no quiere decir que no haya momentos grotescos, de esos que te despiertan una risa compasiva, en los que el efectismo –algo permanente a lo largo de toda la película- es más exagerado de lo habitual. Eso no quiere decir que el guión no resulte forzado y a veces las cosas no tengan un porqué –caso de la acogida entre los Na’vi del protagonista o de un personaje que interpreta Sigourney Weaver que entra con calzador-.

 

Quizás lo más a resaltar de Avatar sea el mundo que nos presenta, un maravilloso bosque de árboles como torres, colores desconocidos, flores gigantes y animales que no existen, pero con el que pronto te identificas. Su mensaje de respeto a los pueblos y a su cosmovisión con un nivel tecnológico inferior, así como a la naturaleza, no sólo me parece loable, sino también hermoso. Aunque habría que tener en cuenta que Avatar es una más de esas películas que de vez en cuando se saca Hollywood de la manga en la que intenta reconciliarse con una historia, la historia de los Estados Unidos, que está manchada con la sangre de los indígenas y que siempre se identificó más con los soldados invasores que con los Na’vi.

 

Finalmente, el calificativo que mejor identifica a Avatar es el de película de aventuras. Quizás inspirada en su esencia –aunque con un resultado menor- en aquellas obras maestras que eran Robin de los bosques o Los vikingos, y cuyo testigo en lo que llevamos de siglo XXI han intentado recoger la trilogía de El señor de los anillos o Apocalypto. Con Avatar nuevamente vuelve a triunfar el cine de palomitas y no el de arte de ensayo, ese con su mensaje muy bien colocado entre los fuegos de artificio. Mientras, el goteo de los billetes no cesa. Sólo se me ofrece una duda ¿Resistirá Avatar el paso del tiempo?

Manipuladores

 

Ya sé lo que quieren estos medios, eso es lo único que pretenden, engañarnos a todos, darnos gato por liebre. Sí, lo sé, pretenden distraernos con bobadas, que no pensemos en las cosas verdaderamente importantes. Lo que quieren es que nos indignemos, que nos movamos, que salgamos a la calle... malditos mass-media... Lo que realmente les gustaría sería embaucarnos, llenarnos la cabeza de palabras altisonantes pero vacías. De hecho con muchos lo consiguen, y hacen que se muestren preocupados por las desgracias de su vecino. Periódicos, radios y canales de televisión tienen la osadía de colarse en el salón de nuestras casas y alentarnos para que movamos el culo de nuestro cómodo sillón ¡qué desfachatez!; quieren que pensemos por nosotros mismos y que si nos negamos de plano a ello, al menos un ser querido, cercano, nos esté dando la brasa y echándonos en cara nuestra vida acomodaticia. Y es que el telediario ya resulta cansino hablando de lo mismo, ya nos sabemos lo que va a decir el presentador de los noticiarios antes de que abra la boca, y si estamos ya curtidos en estas lides, antes de que su careto aparezca.

Lo tengo claro. Los grandes medios de comunicación quieren que nos preocupemos de todo, pero sin que nos miremos el ombligo. Quieren que estemos hablando de la crisis y del paro, del terremoto de Haití y la guerra de Afganistán, de la guerra árabe-isarelí y el boom económico de China, de la memoria histórica y el cambio climático. No quieren que estemos hablando de lo que realmente le importa a todo el mundo. No quieren que prestemos atención a lo que verdaderamente interesa en estos días. Queremos saber si Cristiano Ronaldo jugará o no jugará el próximo partido, si la sanción que se le va a aplicar será de dos partidos o al final en un acto de justicia se le exonerará por los excesos cometidos. Eso es lo que nos interesa, no lo que nos quieren vender los medios. Manipuladores.

 

Haití ¿para qué?

 

Con rabia miro muchas de las supuestas proclamas de solidaridad de muchos líderes políticos y grandes corporaciones hacia Haití. Obama dice que reconstruir el país tras el terremoto es prioridad de su administración (69 millones de euros, nada si lo comparamos con el enchufazo de dinero que se le dio a los bancos, causantes de la crisis mundial). Aquí en España los lacayos de Zapatero subrayan su apuesta solidaria por el pequeño país caribeño y el partido de la oposición con el insigne Rajoy a la cabeza expresan graves condolencias por lo acontecido. Los deportistas también se unen a esta fiesta solidaria y los medios de comunicación buscan enternecernos con imágenes llenas de crudeza, que sospecho no retransmitirían si hubiese ocurrido la tragedia en un país rico, y que por desgracia me inclinan a pensar que tienden a buscar más el sensacionalismo que el movernos del sillón en clara muestra de indignación. Para variar, en este país de gente distinta que es España, hasta con la Iglesia hemos topado y las declaraciones del opusino Munilla producen náuseas y el deseo de que alguna vez experimentara, quizás de manera espiritual, lo que están experimentando multitud de haitianos entre llantos, dolor y tristeza, a ver si así se pone más terreno y deja de volar en las alturas.

Hasta hace una semana Haití era una tierra olvidada, el país más pobre de América, con unos índices de desarrollo humano que se hallan en el subsuelo, con una casta política depredadora y corrupta que no hace más que transigir ante las grandes potencias, con viviendas de adobe, y donde la gente sólo tiene un trabajo: sobrevivir. Pocos eran los que habían movido un solo músculo cuando las dictaduras al servicio de Estados Unidos o Francia arrasaban al país y lo empujaban no ya al borde, sino al más profundo de los abismos. También hace unos años Haití saltó a la palestra internacional tras el derrocamiento del presidente Aristide, lo que hizo que tropas de la ONU ocuparan el país, y desde entonces las denuncias de abusos sexuales por parte de contingentes de cascos azules no han sido pocas.

Una explicación tópica sería que el terremoto de hace unos días nos muestra como la crueldad siempre se esfuerza y se afana con los más pobres, que ni a Dios ni al diablo parecen despertar la más mínima simpatía. Sin embargo una explicación más profana nos hablaría de que hace ya más de doscientos años, en lo que era entonces una colonia esclavista francesa, Toissant-Loverture lideró una revuelta de esclavos que consiguió expulsar a los amos blancos. Aquello no hizo sino despertar el temor entre criollos sacarócratas, magnates del algodón en los Estados Unidos y girondinos franceses. Desde entonces las principales potencias se han aliado para machacar a este pequeño trozo de tierra del Caribe. El resultado es la miseria. La consecuencia las víctimas y la situación caótica que ha dejado el terremoto. De aquellos polvos estos lodos.

 

Los libros leídos en el 2009

 

El primer artículo que escribí en este blog hablaba de Tony Hillerman, escritor de novelas policíacas que tenían como protagonistas a dos policías navajos. En ese artículo confesaba la asignatura pendiente que era para mí la novela negra. He intentado subsanar en parte esto a lo largo del pasado año, no porque fuera una meta a priori, sino porque es un género que cada vez me llama más la atención. Cosecha roja de Dashiell Hammett me encantó, es un libro con mucha acción, saturado de ácidos diálogos, con una trama muy compleja cuyo acabado es brillante. Su protagonista, el Agente de la Continental, es un tipo duro, manipulador, que resuelve los casos a base de patearse las calles. Al parecer esto ha creado escuela y así lo podemos ver en la saga Berlin Noir del escritor escocés Philip Kerr, en la que el detective Bernard Gunther investiga casos en la Alemania nazi. Gunther también es ácido, pero el acabado resulta algo forzado, da la impresión de que éste tiene que soltar un chiste a cada frase. Quizás lo mejor de Berlin Noir y sobre todo de Violetas de Marzo (parte primera de la trilogía), sea lo bien desarrollado que está el contexto histórico. Contrario a ese tipo de novela negra de hombres duros y humor corrosivo, está Galíndez del ya fallecido Manuel Vázquez Montalbán. Galíndez es una novela reflexiva, comprometida, que habla de la memoria histórica, de la necesidad de no olvidar. Basada en hechos reales, en ella se van desgranando algunas de las claves de la misteriosa desaparición en plena Quinta Avenida de Nueva York del que fuera representante del gobierno vasco en el exilio ante Estados Unidos Jesús de Galíndez. En concreto esta novela tiene un primer capítulo magnífico en el que se acerca de una manera muy hermosa a algunas de las esencias del mundo vasco. También de la mano del género policíaco viene una de las grandes decepciones del año, El Padre Brown. Sentía curiosidad por el pequeño sacerdote católico creado por G.K. Chesterton, autor al que grandes como Borges guardaban especial admiración. Bien, tanto El candor del padre Brown como La sagacidad del Padre Brown, como mucho me puede resultar algo distraído, pero para nada un ejemplo de maestría literaria. Las aventuras del padre Brown me resultan previsibles y sin ningún aliento de emoción o intriga.

Fuera ya de la novela negra está una de las mejores lecturas que he tenido este año, Los viajes de Gulliver al que ya dediqué una reseña en este blog. Maravilloso libro que recomiendo a todo el mundo. El siglo de las luces de Alejo Carpentier también me gustó mucho. La historia de cómo las ideas de la revolución francesa desembarcan en el Caribe de la mano de Victor Hughes, me parece deslumbrante. Además el lenguaje barroco usado por Carpentier, más que hacer perder al lector, lo que hace es meterte de lleno en ese mundo en ebullición que fueron las postrimerías del siglo XVIII. También en este año pasado leí tres novelas de Paul Auster: Un hombre en la oscuridad, Brooklyn Follies y El palacio de la luna. El estilo de Auster me gusta, me engancha y sus personajes me resultan totalmente verosímiles. Es un narrador de historias, historias dentro de historias que se entremezclan y que recorren cada una de sus novelas, aunque dichas novelas no tengan porqué ser especialmente buenas. Un hombre en la oscuridad tiene un final que salva por los pelos una novela que se queda coja, Brooklyn Follies es una novela agradable que te deja una sonrisa en la cara y El palacio de la luna, tras un prometedor arranque y un gran desarrollo tiene un final decepcionante. Estos tres libros de Auster me pegaron al sillón, pero ni de lejos se acercan a Leviatán y a El libro de las ilusiones. De Félix J. Palma la novela de ciencia ficción El mapa del tiempo me resultó algo forzada y sobre todo previsible, aunque no por ello habría que desmerecer algunos buenos giros, que los tiene. Chesil Beach es una novelita que se lee rápido, muy poética y muy bien escrita, aunque no una obra maestra como algún publicista ha subrayado. Las decepciones vinieron a finales de año con El gran Gatsby de Scott Fritzgerald y Los herederos de William Golding. El gran Gatsby es una novela fácil de leer, pero a pesar de su corta extensión considero que tiene mucha paja y que lo que quería decir su autor se podría haber hecho a través de un relato. Lo mismo tengo que decir de la novela de Golding Los herederos, novela sobre la que tenía grandes expectativas. Por mi experiencia con la genial El señor de las moscas, sabía que entrar en el autor británico era difícil. Sin embargo, nunca consigo conectar con la banda de neandertales y sus problemas que luchan por sobrevivir con otra banda de homo sapiens. Me aburrió mucho Los herederos.

Mientras leía algunos cuentos de Benedetti recibía las noticias de su muerte. Gran autor, los cuentos recogidos en Geografías  son un ejemplo de literatura comprometida y contra lo que se pudiera pensar no fría, sino llena de vida, cálida, cercana. También dentro del cuento el conjunto de relatos de Woody Allen Pura Anarquía me resultó muy divertido, aunque siempre preferiré al Allen director de cine, el que nos ha dejado obras maestras como Hanna y sus hermanas, Zelig, Annie Hall o Desmontando a Harry.

En lo que se refiere a libros de historia el libro que más me ha gustado, sobre todo en los primeros capítulos es el de Introducción al estudio de la historia de Josep Fontana. En el que abordando diversos temas como la demografía, la agricultura, la industria o el Estado, se hace un repaso histórico que llega hasta nuestros días. Es un libro que como el mismo autor dice en su prólogo pretende estimular el "pensar históricamente" para comprender mejor el mundo en que vivimos. También me gustó mucho La Wehrmacht. Los crímenes del ejército alemán de Wolfram Wette, en el que el historiador no duda en inculpar al ejército alemán de la barbarie nazi, cuando tradicionalmente ha salido indemne, poniéndose la pelota en el tejado de manera exclusiva en las SS. La primera parte del libro es muy interesante, ya que se nos muestra como ideas que pertenecían al ideario  nacionalsocialista como el racismo pseudocientífico o el antibolchevismo estaban profundamente arraigadas en el seno del ejército alemán desde finales de la Gran Guerra e incluso antes. El libro Norte contra Sur del periodista Jesús Hernández me pareció una buena obra de divulgación sobre un tema, la Guerra Civil de los Estados Unidos, sobre el que apenas hay bibliografía en castellano. Precisamente acerca de Estados Unidos y su génesis he leído un poco este año, un tema que me es cada vez más fascinante. Así, el libro de Gore Vidal La invención de una nación y Contrahistoria del liberalismo de Domenico Losurdo trataban sobre esto. Sin embargo, si en el libro de Vidal a pesar de sus críticas se percibe una admiración por los padres fundadores (Washington o Jefferson), en Contrahistoria del liberalismo se muestra como la Revolución Americana y la idea de autogobierno proclamada por los colonos rebeldes no fue sino el establecimiento de una democracia y una libertad para unos pocos, estando un importante sector de la población sometido a la esclavitud. De Noam Chomsky leí una recopilación de artículos, Sobre el anarquismo, en el que el autor estadounidense subraya la importancia de algunas ideas ilustradas en la configuración de la acracia, cosa que también corrobora Cappeletti en su Prehistoria del anarquismo, del que tiene un capítulo dedicado a William Godwin de lo más interesante. En contra de esta tesis se situaría Naturaleza, ruralidad y civilización de Félix Rodrigo Mora. Es un libro un tanto desequilibrado, en el que se idealiza como si fuera una especie de arcadia al mundo rural anterior a la caída del Antiguo Régimen, y que está plagado de aseveraciones que se dicen históricas más que discutibles. También de Juan Gómez Casas leí Sociología del anarquismo hispánico, en el que el autor trata de explicar el porqué del arraigo de las ideas libertarias en la Península Ibérica. Ideología de la conquista en América Latina del chileno Vila Riquelme me pareció un ladrillo de libro, las cosas que dice son interesantes, pero para señalar que América Latina siempre se ha intentado fijar en otros modelos -en concreto el occidental- y propugnar frente a esto el asamblearismo, la democracia horizontal, la igualdad social y el fin del Estado, no es necesario hacer elucubraciones tan sesudas y trascendentes. Finalmente dentro del género periodístico me gustó mucho con todo el bombo que nos dieron el pasado año 23-F La verdad de Francisco Medina. No es un libro de historia y está configurado como si fuera un reportaje, pero me parece que es un libro muy a tener en cuenta si se quiere entender que pasó el 23F. Es un libro que me dio mucho miedo al pensar ¿En manos de quién estamos?

 

Turismo de calidad

 

Una de las corrientes del pensamiento geográfico es la geografía de la percepción. En ella se acomete el espacio desde el punto de vista de los individuos, por lo que su desarrollo dependerá de cómo es percibido por los seres humanos. Es cierto que muchos percibimos cada paisaje de una manera y que en algunos de ellos nos sentimos como en casa, libres y felices. Son muy pocos. En mi caso uno de esos lugares es la Playa de El Palmar situada en el término municipal de Vejer de la Frontera (Cádiz). Cada verano como en una especie de ritual acudo allí a disfrutar de su sol, de su arena, de su entorno, de los baños en la playa, de sus atardeceres...

Ya hace unos años leí en el Diario de Cádiz  cierta noticia que hablaba de la posibilidad de construir un complejo hotelero en la zona. Sin embargo con la crisis aquello remitió y parecía que uno de los últimos reductos de playa virgen de la provincia de Cádiz finalmente quedaría a salvo de los tiburones del ladrillo. Desgraciadamente de un tiempo a esta parte parece que el macro-proyecto se reanuda con el beneplácito del ayuntamiento de Vejer. Y es entonces cuando te vienen a la memoria lamentables antecedentes que van desde Rota a Chiclana y cómo los políticos siempre usaron el mismo huero argumento. Que si la necesidad de dar puestos de trabajo, que si el turismo de calidad, que si la riqueza que se generará... Y caes en la cuenta que los salvadores de la patria chica, esos caciques locales que se llaman alcaldes y concejales son los que siempre engañan poniendo como excusa el bienestar del pueblo, y por ende los que siempre traicionan. Al final sus palabras sólo sirvieron para rellenar columnas en los periódicos, en ellos nunca hubo poso alguno de sinceridad y verdad, y sí mucho de golpes de pecho, de encendido y altisonante autobombo. Al final sus actos no se dirigieron a mejorar la calidad de vida de sus conciudadanos, sino que estuvieron dirigidos al conchaveo, al compadreo y a la connivencia con los amigos del cemento y el hormigón. Las gentes  con las que siempre se sintieron en deuda en su empleo a renovar cada cuatro años.

Es interesante tirar de hemeroteca porque no son pocas las veces que unas declaraciones nos harán sonrojar provocándonos la vergüenza ajena, cuando no directamente el cabreo. Con la sempiterna crisis muchos políticos en España han hablado de la necesidad de cambios del modelo productivo y hacen referencia a los modélicos países nórdicos. Como diría Alberti tristeza de tinta que se llevará el agua. Las prácticas y los argumentos esgrimidos por el alcalde de Vejer, cabeza de los defensores del macro-proyecto, recuerdan a los de siempre, a conceptos y binomios engañosos (desarrollo sostenible, turismo-puestos de trabajo de calidad). Dice el alcalde de la localidad gaditana que no se puede dejar la playa a los bocadillos de mortadela. Imagino que preferirá turismo de calidad, exclusivo, de golf y cofia. Asco de clasismo. Da arcadas.